Argelia en vilo: Tebboune releva al Primer Ministro ante ola de críticas

 

Rue20 Español/Rabat

En un movimiento sorpresivo, el presidente argelino Abdelmadjid Tebboune destituyó este jueves al Primer Ministro Nadir Larbaoui, nombrando de forma interina a Sifi Ghrieb, actual ministro de Industria y Producción Farmacéutica, en su lugar.

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La decisión, que muchos analistas consideran previsible, llega en medio de la conmoción generada por la tragedia de Oued El Harrach y las crecientes críticas a la gestión del gobierno, lo que plantea interrogantes sobre la estabilidad del mandato de Tebboune.

El pasado 16 de agosto, un grave accidente de autobús cerca de Argel sacudió al país. El vehículo, que transportaba a unos 50 pasajeros, cayó desde un puente al contaminado cauce del Oued El Harrach, dejando un saldo de 18 muertos y 23 heridos. Este suceso desató una ola de indignación ciudadana, rompiendo el silencio impuesto por la represión y evidenciando las fallas estructurales en la gestión de las autoridades argelinas.

El accidente también sacó a la luz un secreto a voces: las frecuentes ausencias del presidente Tebboune, quien, según fuentes, viaja de incógnito al extranjero para recibir tratamiento médico. Durante los días posteriores a la tragedia, fue el jefe del Estado Mayor del ejército, Saïd Chengriha, quien asumió un rol protagónico, visitando a los heridos frente a las cámaras mientras el presidente permanecía ausente.

La tardía aparición de Larbaoui, quien se presentó en el lugar del accidente 48 horas después, generó especulaciones sobre si su demora se debió a su ausencia de Argel o a una maniobra para no opacar a Chengriha, quien aprovechó la coyuntura para consolidar su imagen de liderazgo.

La destitución de Larbaoui, largamente anticipada, se concretó tras la reaparición de Tebboune el pasado martes, tras casi tres semanas de ausencia.

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En una reunión ministerial y de seguridad, en la que participaron Chengriha y el general Hassan, jefe de inteligencia interior, la ausencia de Larbaoui fue interpretada como una señal clara de su caída. Para muchos, el ex primer ministro se convirtió en el chivo expiatorio de una crisis que pone en entredicho la competencia de los dirigentes de la “nueva Argelia”.

El medio Le Matin d’Algérie resumió la situación con crudeza: “Esta destitución y el inexplicable nombramiento de Ghrieb no son ni un golpe de efecto ni una reforma, solo un nuevo episodio en la larga serie de un poder que se mira en el espejo de su propio fracaso”. Según el análisis, en Argelia el poder real no reside en el jefe del gobierno, sino en una presidencia que concentra todas las decisiones, sin visión estratégica ni resultados tangibles.

Larbaoui, quien tuvo un ascenso fulgurante tras destacar en los preparativos de la cumbre de la Liga Árabe en Argel en 2022, asumió como Primer Ministro en noviembre de 2023 tras una carrera diplomática y un breve paso como director de gabinete de Tebboune. Su mandato, de apenas un año y nueve meses, estuvo marcado por la falta de autonomía frente a un presidente que centraliza el poder y un ejército que refuerza su influencia.

El nombramiento interino de Sifi Ghrieb, un físico y químico que contrasta con el perfil tecnócrata de sus predecesores, no parece augurar cambios significativos. Ghrieb es el cuarto primer ministro designado por Tebboune en menos de seis años, tras Abdelaziz Djerad (2019-2021), Aymen Abderrahmane (2021-2023) y Larbaoui. Rumores apuntan a que podría ser reemplazado pronto por Saïd Sayoud, ministro de Transporte y figura cercana al presidente, señalado por algunos como un actor clave en las redes de corrupción del entorno presidencial.

La tragedia de Oued El Harrach ha intensificado las críticas contra la política de Tebboune, especialmente su decisión de prohibir desde hace seis años la importación de repuestos, neumáticos y vehículos nuevos, con el argumento de preservar las divisas provenientes de los hidrocarburos.

Esta medida, según expertos y voces en redes sociales, ha contribuido al aumento de accidentes de tráfico, incluido el reciente siniestro. Aunque Tebboune anunció la importación de 10.000 autobuses y neumáticos, calificada por algunos medios como “histórica”, la medida no logra disipar la percepción de un régimen desconectado de las necesidades ciudadanas.

Con la opinión pública en ebullición y las críticas de sectores cercanos al ejército, la destitución de Larbaoui parece un intento desesperado por apaciguar el descontento. Sin embargo, las próximas semanas serán cruciales para Tebboune, cuya responsabilidad directa en las políticas cuestionadas podría poner en riesgo la continuidad de su mandato. ¿Será suficiente este cambio cosmético para salvar su presidencia? La respuesta, por ahora, permanece incierta.

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