Rue20 Español/Murcia
Miles de personas, según los organizadores 5.000, se manifestaron este lunes en Murcia bajo el lema «La Región de Murcia no es racista».
La marcha, convocada por más de 40 colectivos sociales, sindicales y vecinales, fue una respuesta a los recientes altercados en Torre Pacheco y a las políticas migratorias del Gobierno regional. Partidos progresistas como Podemos, Sumar y el PSOE, junto con los sindicatos CCOO y UGT, respaldaron la manifestación. Notablemente, el PP y Vox se desmarcaron del acto.
La manifestación, que transcurrió de forma pacífica y reivindicativa, partió de la Gran Vía Alfonso X El Sabio y culminó frente a la sede del Gobierno regional, fuertemente custodiada por la Policía Nacional. Los manifestantes portaban pancartas en defensa de la convivencia, los derechos humanos y la diversidad.
Diversos líderes políticos y sindicales se unieron a la protesta. Entre ellos, las eurodiputadas Irene Montero (Podemos) y Estrella Galán (Sumar), así como el secretario general de CCOO, Unai Sordo, y la número dos de UGT, Lola Navarro. Sordo criticó al empresariado por su silencio ante la precariedad laboral de muchos migrantes, mientras que Navarro destacó el papel de los sindicatos en la prevención de conflictos y la promoción de la convivencia.
Representantes de Sumar e Izquierda Unida, como Lara Hernández y Antonio Maíllo, respectivamente, condenaron los discursos de odio y alertaron sobre la necesidad de mantenerse movilizados. Irene Montero, por su parte, instó a quienes se preocupan por la delincuencia a dirigir su atención hacia la corrupción y los fondos buitre.
La manifestación concluyó con la lectura de un manifiesto frente al Palacio de San Esteban, sede del Gobierno regional. En él, se exigió la retirada de las medidas consideradas «xenófobas» del presupuesto regional y se hizo un llamamiento a la ciudadanía para defender una Región de Murcia justa, solidaria y libre de racismo. María Jesús López, secretaria de organización del PSOE, criticó los presupuestos que serán aprobados con el apoyo de Vox, calificándolos de «presupuestos de la vergüenza».
