Rue20 Español/Rabat
La creación de un bloque parlamentario entre Marruecos, Mauritania, Senegal y Gambia, anunciada el pasado lunes en la Asamblea Nacional senegalesa, ha generado un revuelo mediático en la región, interpretándose como un paso decisivo hacia una mayor cooperación legislativa y regional.
Este anuncio, realizado durante la clausura de la sesión ordinaria de la Asamblea Nacional senegalesa (2024-2025), subraya el compromiso de estos parlamentos para coordinar esfuerzos frente a desafíos comunes, desde la seguridad y el desarrollo hasta el cambio climático.
Representantes de los cuatro parlamentos aplaudieron la iniciativa. El parlamentario marroquí Abdelmajid Fassi Fihri resaltó la «profundidad» de las relaciones estratégicas entre Marruecos y Senegal, afirmando que este bloque fortalece la coordinación política y legislativa para afrontar los crecientes desafíos internacionales.
Más allá del Parlamento: una estrategia geopolítica en el Atlántico
Este nuevo bloque parlamentario trasciende lo meramente legislativo, reflejando una orientación estratégica de Marruecos hacia África Occidental. Ante el estancamiento de la Unión del Magreb Árabe (UMA), lastrado por el conflicto entre Rabat y Argel sobre el Sáhara marroquí, Marruecos parece buscar alternativas.
La adhesión de Senegal y Gambia, ambos firmes defensores de la soberanía marroquí sobre el Sáhara, otorga un importante peso político a esta iniciativa, pudiendo ser el germen de una nueva alianza regional basada en la seguridad, el desarrollo, la estabilidad y el respeto a la integridad territorial.
La participación de Mauritania, por su parte, suscita interrogantes sobre un posible cambio en su postura regional, a pesar de su «neutralidad positiva» en el conflicto del Sáhara marroquí, expresada por su presidente, Mohamed Ould Cheikh El Ghazouani.
¿Un nuevo rumbo para Marruecos?
Si bien Marruecos ha sido un histórico impulsor de la UMA, la persistente inactividad del organismo parece haber llevado a Rabat a explorar espacios más receptivos a su visión estratégica. La iniciativa de acceso de los países del Sahel al Océano Atlántico, enfocada en la integración regional y el desarrollo sostenible, confirma esta tendencia.
Sin embargo, este giro no implica el abandono del proyecto magrebí. SM el Rey Mohammed VI ha reiterado su compromiso con los principios de la UMA. No obstante, el bloqueo político regional ha obligado a Rabat a buscar alternativas que sirvan a sus intereses, abriendo una nueva página con los países del Atlántico Sur sin cerrar definitivamente la del Magreb.
Esta alianza cuadripartita se presenta como una opción para una nueva unión política y económica, especialmente tras el intento fallido de Marruecos de unirse a la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO) en 2017, organismo que posteriormente ha sufrido la salida de Malí, Níger y Burkina Faso.
El gasoducto: catalizador de la integración atlántica
Este nuevo bloque parlamentario no puede analizarse aisladamente de las transformaciones que Marruecos lidera en el África subsahariana, particularmente en el oeste del continente.
Representa la extensión natural de proyectos geoestratégicos y económicos, como el gasoducto Nigeria-Marruecos (ahora denominado Africano-Atlántico), que atraviesa Mauritania, Senegal y Gambia. Este proyecto, junto con la iniciativa de los países africanos atlánticos, impulsada por SM el Rey Mohammed VI en 2022, busca consolidar la costa atlántica africana como un espacio de cooperación y desarrollo.
El inicio de la explotación de gas en el proyecto Grand Tortue Ahmeyim, en la frontera entre Mauritania y Senegal, previsto para finales de 2024, coincide con el anuncio de la primera fase del Gasoducto Africano-Atlántico en estos países, reforzando la visión de un espacio regional integrado y próspero.
Este proyecto energético, junto con la iniciativa atlántica, se configura como un pilar fundamental para la integración económica transfronteriza y el posicionamiento de África en el escenario geopolítico global.
