Rue20 Español/Rabat
Sumar ha vuelto a las andadas. Esta vez, lo ha hecho con una proposición de ley que pretende cortar toda relación de España con Marruecos e Israel, mezclando realidades distintas en un solo paquete ideológico. El objetivo declarado: castigar a quienes, según ellos, “ocupan” territorios de forma ilegal. El mensaje implícito: sabotear la relación estratégica entre Madrid y Rabat, una de las más importantes para la estabilidad, la seguridad y la economía de ambos países.
Es evidente que la situación en Palestina despierta una indignación legítima. Pero usarla como escudo para atacar la soberanía de Marruecos sobre su Sáhara, reconocida de facto y de forma creciente por países serios, es un ejercicio burdo de oportunismo político. Quien equipara Gaza con El Aaiún no entiende ni de geopolítica, ni de historia, ni de derecho. O peor aún: sí lo entiende, pero prefiere agitar el avispero para servir causas ajenas a los intereses de España.
La iniciativa de Sumar no aporta nada nuevo: recicla la retórica rancia de los años 70, cuando algunos aún creían que el conflicto del Sáhara era un simple caso de descolonización. Cuarenta años después, la comunidad internacional sabe que el problema es otro: una disputa artificial alimentada por un régimen militar argelino que necesita un conflicto externo para justificar su represión interna. En ese juego, el Frente Polisario es poco más que una marioneta. Y quienes lo apoyan desde Europa, como Sumar, están bailando una danza vieja, fuera de compás y desconectada del presente.
La propuesta presentada por la diputada Tesh Sidi, con vínculos evidentes con los círculos separatistas, se disfraza de moralismo humanitario. Pero lo que busca, en el fondo, es erosionar los avances logrados en la relación hispano-marroquí, dinamitar acuerdos comerciales, frenar la cooperación antiterrorista y crear fricciones donde hoy hay puentes. Es una apuesta por el ruido, no por las soluciones.
Marruecos y España han entrado en una nueva etapa. La estabilidad de las fronteras, el control de los flujos migratorios, la lucha contra redes criminales, la cooperación energética y los intereses económicos compartidos forman parte de una agenda realista y útil. Atacarla desde el Congreso con leyes ideológicas y comparaciones insultantes no es solo irresponsable: es contraproducente para los ciudadanos españoles y marroquíes.
Así no se construye política útil. Así se juega a la marginalidad parlamentaria. Mientras el mundo avanza hacia alianzas inteligentes, algunos en Sumar prefieren anclarse en discursos obsoletos. Marruecos seguirá fortaleciendo sus relaciones con países que entienden el valor de la estabilidad, el respeto mutuo y la cooperación. Y España, si quiere seguir siendo un actor respetado en el sur del Mediterráneo, haría bien en no dejarse arrastrar por agendas tan ciegas como ruidosas.
