Rue20 Español/Rabat
Safia Abahaj*
A medida que el sistema internacional se vuelve más exigente en materia de estabilidad regional, soluciones realistas y cooperación multilateral, el conflicto del Sáhara marroquí ha evolucionado de forma notable en los últimos años. Lo que antes fue catalogado como un conflicto estancado se está redefiniendo, paso a paso, por la vía de la diplomacia y el realismo jurídico.
El enfoque promovido por Marruecos desde 2007 —la propuesta de una autonomía avanzada bajo soberanía marroquí— ha encontrado no solo eco en la comunidad internacional, sino un respaldo cada vez más firme por parte de las principales potencias del mundo. Las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, lejos de promover soluciones inalcanzables, consolidan esta vía como la única salida política posible, creíble y aceptable para todas las partes.
Las resoluciones clave del Consejo de Seguridad
El tratamiento del conflicto del Sáhara marroquí en el marco de Naciones Unidas ha sido continuo desde mediados de los años 70, con una evolución normativa que refleja una adaptación progresiva al principio de solución política negociada, en sustitución de planteamientos iniciales marcados por el referéndum.
Resolución 377 (1975) – Asamblea General
Tras la salida de España como potencia administradora, esta resolución expresó la necesidad de una solución respetuosa de la autodeterminación, pero sin definir un único mecanismo. Es clave destacar que el término “autodeterminación” no implica necesariamente un referéndum, sino el respeto al artículo 1.2 de la Carta de la ONU, que admite fórmulas como la autonomía bajo soberanía.
Resolución 690 (1991) – Creación de la MINURSO
Estableció el marco técnico y legal para supervisar el alto el fuego entre Marruecos y el Frente Polisario. Preveía la celebración de un referéndum, pero no fijó criterios definitivos de elegibilidad. Este vacío jurídico generó, desde el inicio, una inviabilidad estructural del proceso de votación, que nunca logró consenso entre las partes.
Resolución 1495 (2003)
Marcó una inflexión al respaldar el “Plan Baker II”, el cual propuso una autonomía interina seguida de un referéndum. Marruecos rechazó el carácter vinculante del referéndum, mientras que el Frente Polisario aceptó el plan en su conjunto. Esta resolución demostró que el referéndum no podía ser impuesto como solución unilateral ni como único mecanismo de autodeterminación.
Resolución 1754 (2007) – Propuesta marroquí de autonomía
Considerada como un punto de giro fundamental, la resolución acoge con interés la propuesta marroquí de autonomía, calificándola como “seria y creíble”. Esta fue la primera vez que el Consejo adoptó un lenguaje jurídico claramente orientado a soluciones realistas, y desde entonces todas las resoluciones posteriores han mantenido esta línea.
Resolución 1920 (2010) y posteriores
A partir de esta resolución, el Consejo dejó de mencionar explícitamente el referéndum como objetivo del proceso, lo que implica una transformación doctrinal del enfoque jurídico del conflicto: de una lógica plebiscitaria a una lógica consensuada.
Resolución 2440 (2018)
Introduce el concepto de “mesa redonda” con participación de Marruecos, Argelia, el Frente Polisario y Mauritania. Jurídicamente, esto supuso el reconocimiento de Argelia como parte interesada directa en el conflicto, algo que hasta entonces evitaba el lenguaje de la ONU por presión argelina.
Resoluciones 2602 (2021), 2654 (2022) y 2703 (2023)
Estas tres resoluciones consolidan definitivamente un nuevo marco jurídico:
- Se reafirman los “parámetros realistas y pragmáticos”.
- Se evita toda mención al referéndum.
- Se llama a las partes a actuar con voluntad política y espíritu de compromiso, en clara referencia a la postura marroquí.
- Se acoge favorablemente el nombramiento de Staffan de Mistura como Enviado Personal del Secretario General, para facilitar una solución en el marco del Capítulo VI de la Carta de la ONU (resolución pacífica de controversias sin imposición obligatoria).
Conclusión jurídica: El corpus resolutivo del Consejo de Seguridad ha evolucionado de una forma técnicamente coherente hacia una legitimación de la propuesta marroquí como única opción jurídicamente válida, políticamente viable y diplomáticamente respaldada.
Estados Unidos: un respaldo estratégico y duradero
En diciembre de 2020, Estados Unidos reconoció formalmente la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara. Esta decisión, adoptada bajo la administración del presidente Donald Trump, marcó un giro decisivo en el equilibrio diplomático global en torno al conflicto. Lejos de ser una acción aislada, este reconocimiento fue acompañado por una visión estratégica de cooperación económica, militar y regional entre Rabat y Washington.
Aunque la administración del presidente Joe Biden ha adoptado un tono más prudente, no ha revocado esa decisión. El respaldo estadounidense se mantiene como un aval diplomático mayor y como una señal de la importancia del rol de Marruecos en la arquitectura de seguridad del norte de África y el Sahel.
Además, desde 2020, varios altos funcionarios estadounidenses han reafirmado el compromiso con una solución basada en la propuesta de autonomía marroquí, destacando su viabilidad, legalidad y capacidad de garantizar estabilidad en la región.
Europa ante una nueva realidad
El cambio de posición de España en marzo de 2022 supuso otro punto de inflexión: el gobierno español calificó públicamente la propuesta marroquí como “la base más seria, creíble y realista” para resolver el conflicto. Este giro, adoptado tras una etapa de tensiones bilaterales, refleja un realineamiento con el consenso creciente dentro de la Unión Europea.
Alemania, por su parte, declaró oficialmente en diciembre de 2022 que la autonomía es una “base buena para una solución aceptada por ambas partes”, lo cual fue ratificado en enero de 2023 durante una visita de alto nivel a Rabat.
Francia, tradicional aliada de Marruecos, ha reafirmado constantemente su apoyo a la solución política. Aunque su posicionamiento oficial no ha incluido un reconocimiento pleno de la soberanía marroquí, el respaldo a la autonomía como solución central sigue firme en el discurso diplomático francés.
Estos movimientos reflejan una evolución del enfoque europeo, cada vez más consciente de que la estabilidad y cooperación euro-mediterránea dependen de alianzas estratégicas basadas en la legalidad y la eficacia.
El callejón sin salida del referéndum y la inercia del Polisario
La MINURSO, creada en 1991 con el objetivo de preparar un referéndum de autodeterminación, ha sido testigo de la imposibilidad práctica de ese proceso. Las disputas irresueltas sobre el censo, la elegibilidad de votantes y las condiciones de implementación han bloqueado toda viabilidad jurídica del referéndum.
Desde hace más de dos décadas, ninguna resolución del Consejo de Seguridad hace referencia a un referéndum como solución activa. El propio Secretario General ha reconocido la necesidad de adaptar el mandato de la MINURSO a la nueva realidad sobre el terreno.
El Frente Polisario, respaldado por Argelia, mantiene una postura intransigente y sin propuestas concretas. Su representatividad sobre la población saharaui es cuestionada, en contraste con los miles de saharauis plenamente integrados en las instituciones marroquíes.
Un futuro en marcha: desarrollo, inversión y cohesión territorial
El Sáhara marroquí de hoy no es solo un dossier diplomático: es una región en plena transformación. Marruecos ha invertido más de 8.000 millones de dólares en infraestructuras, energía, salud, educación y empleo como parte del Nuevo Modelo de Desarrollo de las Provincias del Sur.
El puerto de Dajla Atlántica, la construcción de zonas logísticas, el auge de las energías renovables, el turismo sostenible y los polos agrícolas son solo algunos ejemplos de una región que avanza con paso firme hacia la autosuficiencia y la competitividad internacional.
Esta realidad no solo fortalece la postura marroquí, sino que desmonta la narrativa de conflicto estancado. El Sáhara marroquí ya está integrado de facto, con ciudadanos que gozan de derechos plenos, instituciones funcionales y proyectos con visión de futuro.
Conclusión: la legitimidad de una propuesta respaldada por la comunidad internacional
La solución política al conflicto del Sáhara no puede seguir esperando. El derecho internacional, la lógica diplomática y la realidad sobre el terreno convergen en una misma dirección: el plan de autonomía marroquí como base sólida, legal y aceptable.
Con el respaldo de Estados Unidos, de potencias europeas clave y de una creciente mayoría de países africanos, árabes y latinoamericanos, Marruecos ha conseguido situar su propuesta como el centro de gravedad diplomático en este dossier.
El futuro del Sáhara no está en la incertidumbre ni en el inmovilismo, sino en el desarrollo, la estabilidad y el respeto a la soberanía nacional. Y ese camino, ya ha comenzado.
Porque un Marruecos unido, firme en sus principios y abierto al mundo, no solo defiende su integridad territorial: construye el futuro de toda una nación.
*Presidenta del Club GERMUN
