Rue20 Español/Rabat
Jillali El Adnani*
Evicción brutal, silencio embarazoso y muerte sospechosa. En junio de 1976, El Uali Mustapha Sayed, fundador del Frente Polisario, desaparece durante un ataque contra Nuakchot. Detrás del culto orquestado en torno a su nombre, archivos diplomáticos franceses revelan sus discrepancias con Argel, que habrían conducido a un asesinato político ordenado por Houari Boumédiène.
Apartado de su cargo de secretario general del Polisario en vísperas de la proclamación de la autodenominada RASD, el 27 de febrero de 1976, El Uali Mustapha Sayed, considerado como el fundador del Frente Polisario, desaparece bruscamente de la escena. El 8 de junio de ese mismo año, muere durante un asalto contra Nuakchot. Una desaparición envuelta en un extraño mutismo, roto únicamente nueve días después por un breve comunicado transmitido discretamente por la prensa argelina y los órganos del Polisario.
Ese silencio, cargado de omisiones, contrasta con la magnitud del culto que vendrá después. Del 26 al 30 de agosto de 1976, el autodenominado tercer congreso del Polisario se celebra bajo el signo de la exaltación al martirio. El nombre de El Uali se convierte en estandarte, su imagen es santificada, su historia reescrita. El lema del congreso resuena como una amenaza: «Ni paz ni estabilidad antes del retorno al territorio y la independencia total».
Sin embargo, ni una palabra sobre las circunstancias de su muerte, ningún esclarecimiento sobre el contexto real. El joven líder saharaui, convertido en ícono, será instrumentalizado para campañas de terrorismo y actos de sabotaje contra Mauritania, como el atentado contra el tren de Fderik. Detrás del velo del mito, Argelia mueve sus piezas y define el tipo de lucha —violenta— que debe alimentar en su propaganda y llevar al terreno.
El contexto de una tensión y un desacuerdo con Argel
El Uali Mustapha Sayed nunca tuvo miedo de enfrentarse a la línea política impuesta por Argelia, y lo hizo desde 1976. En aquel entonces, dio prioridad al retorno de las poblaciones secuestradas a sus territorios de nomadismo. Algunos interpretaron este gesto como una maniobra estratégica destinada a lanzar una guerrilla enraizada en las realidades nómadas. Pero la realidad, mucho más compleja, fue revelada por el embajador de Francia en Argel, Guy de Commines: según sus observaciones, El Uali fue apartado discretamente por los servicios de seguridad argelinos, y sustituido en la sombra por El Mahfoud (Ali Beiba) Laaroussi, quien ya había sido investido del papel de secretario general incluso antes del fallecimiento oficial de su predecesor.
Para el embajador francés: «en varias ocasiones circularon rumores en Argel sobre un desacuerdo entre El Uali y las autoridades argelinas». (Archives des affaires étrangères de La Courneuve, Fonds Afrique du Nord, Maroc 1972-1982, Carton 845)
La sucesión de El Mahfoud (Ali Beiba) Laaroussi como secretario general interino no fue, en realidad, más que un simple preludio cuidadosamente orquestado para allanar el camino hacia la designación del favorito del régimen argelino: Mohamed Abdelaziz, sumiso y carente de personalidad frente a Argel, incapaz de mostrar la menor resistencia ante sus superiores, impuesto como secretario general del Polisario durante 39 años.
El embajador de Francia no dejó de relatar dos versiones divergentes sobre la destitución de El Uali de sus funciones como secretario general, ocurrida pocos días antes de la proclamación de la autodenominada República Árabe Saharaui Democrática (RASD), el 27 de febrero de 1976. Según algunos, esta decisión habría nacido de la voluntad expresada por el propio El Uali de dedicarse plenamente a los asuntos militares. Otros, en cambio, la interpretan como un indicio de tensiones internas dentro del Polisario, sugiriendo una destitución impuesta más que una salida voluntaria. Guy de Commines señala que esta destitución «solo podía explicarse como el despido del secretario general en funciones» (Ibidem). ¿A qué se debe esta duda?
¿Muerte de un mártir o asesinato perpetrado por Boumédiène?
En un explosivo documento enviado el 17 de junio de 1976 por la embajada de Francia en Argel a las capitales del Magreb —Rabat, Nuakchot, Túnez y Trípoli— surgen las interrogantes. En particular, que Mauritania acusa al gobierno argelino de un crimen de Estado que no se nombra. Guy de Commines menciona «las acusaciones dirigidas contra el gobierno argelino por los dirigentes mauritanos, tras el ataque a Nuakchot». (Archives des Affaires étrangères de La Courneuve, Fonds Afrique du Nord, Maroc 1972-1982, Carton 845. Comunicado del embajador G. de Commines con fecha del 17 de junio de 1976).


Según el embajador de Francia en Argel, todas las sospechas convergen hacia el régimen argelino. Afirma que la prensa transmite de forma sutil esta hipótesis, especialmente El Moudjahid, conocido por ser portavoz oficioso del régimen. El diario se «limita a señalar, en un breve editorial, ‘el estado de exasperación’ de los regímenes de Rabat y Nuakchot en el momento en que ‘los combatientes saharauis llevan sus acciones hasta el corazón de Mauritania’».
Tanto la prensa argelina como la del Polisario «han guardado hasta ahora silencio sobre las informaciones según las cuales el secretario general del Frente Polisario y su adjunto habrían muerto durante los recientes combates en Mauritania». Sobre este punto, Guy de Commines destaca que el portavoz del Polisario, Habib Allah, miembro del comité de relaciones exteriores, alegando la lejanía de la zona de los combates, «evitó responder con precisión a los periodistas», y que «las declaraciones evasivas del portavoz saharaui, por cierto, no fueron recogidas por El Moudjahid».
Mientras la muerte de El Uali empezaba a generar reacciones a nivel internacional, todas las posturas parecían canalizarse exclusivamente a través de la prensa afín al régimen argelino. Incluso Ahmed Baba Miské, intelectual mauritano y propagandista del Polisario, no hizo —según el embajador francés en Argel— ninguna declaración pública al respecto: «Baba Miské, actualmente en Argel, declaró ante un periodista extranjero que no estaba en condiciones de confirmar ni desmentir la información».
El ataque a Nuakchot y la muerte sospechosa de El Uali
El Uali Mustapha Sayed, por su carácter independiente, se negaba a someterse a Boumédiène. Muchas incógnitas persisten en torno a su proyecto de liberar a los saharauis de los campamentos de Tinduf, donde se encontraban secuestrados. ¿Tenía en mente otro escenario, uno que habría desvinculado al Polisario de Argelia y empujado al movimiento a escapar del control de los jerarcas de Argel? Es eso, en filigrana, lo que insinúan tanto Mauritania como el embajador de Francia en Argel, Guy de Commines.
Fue enviado al frente contra Nuakchot en lugar de ser protegido por Argel, integrado en un destacamento separado del grupo militar principal que tenía como objetivo la capital mauritana, y más concretamente el palacio presidencial. Su muerte, extrañamente, tuvo lugar muy lejos de la capital, cuando fue conducido por su propio «grupo» hacia Bennechab, a unos cien kilómetros al norte. Su objetivo presunto: sabotear la canalización vital que abastece de agua a la ciudad. Sin embargo, fue allí donde encontró la muerte.
En otro telegrama fechado el 21 de junio de 1976, procedente igualmente de la misma fuente, Francia acusa a medias tintas a «las autoridades argelinas de haberse deshecho de El Uali alentándolo a encabezar una operación suicida contra Nuakchot». La comunicación precisa también que «en varias ocasiones circularon en Argel rumores sobre un desacuerdo entre El Uali y las autoridades argelinas». (Archives des Affaires étrangères de La Courneuve, Fonds Afrique du Nord, Maroc 1972-1982, Carton 845. Comunicado del embajador G. de Commines con fecha del 21 de junio de 1976).

Mohamed Abdelaziz: el heredero de la lucha iniciada por Boumédiène
La designación de Mohamed Abdelaziz tras la muerte de El Uali Mustapha Sayed se produjo en un contexto en el que Argelia no perseguía ya el apoyo a un pueblo saharaui ni la liberación de un territorio, sino más bien el objetivo estratégico de desestabilizar la región con vistas a alcanzar sus ambiciones de acceso al Atlántico.
En una entrevista concedida al diario El Moudjahid el 22 de febrero de 1981, Mohamed Abdelaziz se refería así al apoyo de Estados Unidos y Francia a la posición marroquí:
«La posición estadounidense es contraria a los intereses de la región, incluidos los del propio Marruecos. Ni Estados Unidos ni Francia han hecho nada para preservar el régimen marroquí, para salvarlo de verdad. Habría que ayudarle a terminar la guerra».
Este extracto, por sí solo, constituye una prueba del respaldo de Argel a Mohamed Abdelaziz. También pone de relieve, de manera contundente, cómo el discurso demagógico de Argelia fue reproducido por la propia voz del nuevo secretario del Polisario.
Bajo la influencia de Argelia, no tardó en afirmar que la propia noción de referéndum había quedado superada, convencido de que la victoria de la RASD estaba al alcance de la mano:
«Hemos escuchado la tesis de Marruecos, presentada ante el comité ad hoc; por nuestra parte, la idea de un referéndum está superada, e invitamos a la OUA a constatarlo sobre el terreno».
Mohamed Abdelaziz no defraudó. En 1991, tras años de espera, la ONU y la MINURSO reconocieron sobre el terreno la obsolescencia del principio del referéndum, tal como lo sostenía Marruecos. En cuanto a ver al Polisario ganar la guerra… eso ya es otra historia.
(Fuente: Le360.com. Traducido del francés por Rue20 Español).
