Boualem Sansal: condenado a cinco años por decir lo que Argel oculta

 

Rue20 Español/Rabat

En Argelia, decir la verdad puede costarte la libertad. Así lo demuestra la reciente condena a cinco años de prisión firme contra el escritor franco-argelino Boualem Sansal, acusado de “atentar contra la integridad territorial” por expresar una opinión incómoda para el régimen: que el territorio de Marruecos fue amputado a favor de Argelia bajo la colonización francesa.

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Con esta decisión, el tribunal de Dar El Beida ha castigado a una de las voces más lúcidas del Magreb contemporáneo y, al mismo tiempo, ha profundizado la crisis entre Argel y París, en un momento de tensión diplomática sin precedentes.

Sansal, de 80 años, fue detenido el pasado noviembre al aterrizar en Argel. Su crimen: haberse hecho eco, en un medio francés de extrema derecha, de una tesis histórica que el régimen militar argelino considera tabú, porque debilita la narrativa oficial sobre sus fronteras. Sin embargo, esa tesis es compartida por muchos historiadores —y aceptada de facto por países como Francia, que recientemente se ha alineado con la posición marroquí respecto al Sáhara, apoyando el plan de autonomía propuesto por Rabat.

La condena, pese a ser la mitad de lo solicitado por la fiscalía (que pedía diez años de cárcel), no deja de ser una aberración judicial. El propio presidente francés, Emmanuel Macron, apeló públicamente a la “clarividencia” de Abdelmayid Tebboune, insinuando que la acusación carece de seriedad. Pero en la Argelia del miedo, donde el islamismo y el autoritarismo conviven como dos caras de la misma moneda, la libertad de expresión no tiene cabida.

Gallimard, la editorial de Sansal, exigió su liberación inmediata. Y no es para menos: hablamos de un autor premiado, valiente, crítico con el islamismo y con el poder establecido. Su trayectoria lo convierte en una figura incómoda para un sistema que no tolera la disidencia.

Más allá del caso individual, el encarcelamiento de Sansal revela la naturaleza represiva de un régimen que teme tanto a los libros como a las fronteras históricas. Porque reconocer que parte del territorio argelino fue adjudicado artificialmente durante la colonización implica cuestionar la legitimidad del Estado argelino tal como fue heredado tras la independencia.

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El silencio de ciertas capitales europeas frente a esta condena —salvo el tímido reproche de Macron— es otra muestra de la hipocresía occidental. Mientras se exigen derechos humanos en unos países, se pasa por alto su vulneración en otros por razones de conveniencia diplomática o energética.

Hoy, Boualem Sansal está en prisión por decir lo que muchos piensan pero pocos se atreven a expresar. Y Argelia, en lugar de encarar su pasado colonial con valentía, prefiere encarcelar a quienes lo denuncian.

 

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