Rue20 Español/ Rabat
El reciente comunicado del Ministerio de Asuntos Exteriores de Argelia es una nueva muestra de la obsesión enfermiza del régimen militar con Marruecos. En su retórica desgastada, los generales argelinos intentan transformar unas simples maniobras militares entre Marruecos y Francia en una supuesta amenaza para su seguridad, evidenciando una vez más su pánico ante la creciente fortaleza de la cooperación estratégica entre Rabat y sus aliados.
La realidad es que Argelia no teme los ejercicios militares en sí mismos, sino lo que representan: la consolidación de Marruecos como un socio fiable para las principales potencias. En lugar de aceptar su propio aislamiento, el régimen militar argelino busca fabricar crisis artificiales para presionar a Francia, en un intento desesperado de erosionar la alianza franco-marroquí. Pero esta estrategia está condenada al fracaso. París es plenamente consciente de que Marruecos es un pilar de estabilidad en el Magreb y el Sahel, además de un actor clave en la lucha contra el terrorismo y la seguridad regional.
La hipocresía argelina queda aún más expuesta al denunciar las maniobras de Marruecos con Francia mientras mantiene acuerdos militares con otras potencias y refuerza su aparato bélico. Su política exterior, lejos de estar orientada a la estabilidad regional, sigue basada en una estrategia de confrontación y en el fomento de tensiones. Este doble rasero confirma lo evidente: el régimen militar argelino no busca estabilidad ni paz en la región, sino perpetuar su hostilidad hacia Marruecos a cualquier costo.
Este comunicado también refleja el estado de pánico en el que se encuentra la cúpula argelina. Tras el fracaso de sus maniobras en la Unión Africana, donde el respaldo internacional a la marroquinidad del Sáhara es cada vez más sólido, y su incapacidad para frenar la influencia de Marruecos en la ONU, Argel intenta ahora provocar fricciones entre Rabat y París. Sin embargo, el tiempo juega en su contra. Marruecos sigue afianzando sus alianzas y refuerza su posición como un actor geopolítico clave; Argelia, por su parte, sigue prisionera de su propia hostilidad, sin más horizonte que la frustración y el fracaso diplomático.
