Rue20 Español/ Fez
Las redes sociales han vuelto a destapar el rostro más siniestro del régimen argelino: su aparato propagandístico, además de dedicarse a fabricar un discurso de odio contra Marruecos, también se apoya en una patulea de influencers para difundir mensajes abiertamente racistas y antisemitas. La última en exponer este perfil vergonzoso ha sido Karima Saada, una influencer pro-régimen que, en un video grabado en el Salón de la Agricultura, lanzó comentarios infames contra Francia y contra el stand marroquí.
Las declaraciones de esta supuesta empleada de Auchan—una cadena francesa que ya debería estar tomando medidas—no dejan lugar a dudas sobre su naturaleza: “Francia es el diablo y la enemiga de Alá… la mayoría de sus habitantes tienen caras de ‘negroides’ horribles”, exclamó con total impunidad, al mismo tiempo que atacaba el stand de Marruecos con términos igualmente racistas.
La indignación ha sido inmediata. El opositor argelino Chawki Benzahra fue uno de los primeros en denunciar este episodio, señalando además la presencia de una imagen de contenido antisemita en el perfil de la influencer. Por su parte, un ciudadano judío francés de origen argelino y polaco interpeló públicamente a las autoridades francesas, exigiendo una respuesta legal contra esta incitación al odio.
Las consecuencias legales podrían no tardar en llegar. El Mouvement International Contre le Racisme et l’Antisémitisme (MICRA) ha anunciado que ha presentado una denuncia formal contra Karima Saada por sus comentarios de odio. En su querella, el MICRA detalla que el hitorial de la influencer en redes sociales está plagado de publicaciones antisemitas en las que se refiere a los judíos con términos como «youpins», «sale vermine», «juiverie sioniste», entre otros.
Este paso podría ejercer presión sobre las autoridades francesas, que hasta ahora han guardado silencio. Sin embargo, la gravedad del caso no deja margen para la indiferencia: Francia se enfrenta a la disyuntiva de aplicar su propia legislación contra la incitación al odio o dejar impune un discurso abiertamente racista y antisemita en su propio suelo.
El caso de Karima Saada forma parte de una estrategia bien engrasada por el régimen de Argel, que busca desviar la atención de sus propios fracasos internos alimentando una hostilidad enfermiza hacia Marruecos. El racismo y la discriminación, que deberían ser erradicados, son en cambio instrumentalizados por el poder argelino y sus medios afines como herramientas de manipulación política.
Lo más inquietante, sin embargo, es la postura de las autoridades francesas. Hasta el momento, ni el ministro del Interior Bruno Retailleau ni el ministro de Justicia Gérald Darmanin han dado señales de que se vaya a actuar contra este discurso de odio. ¿Se atreverán a ignorarlo? ¿O esta vez Francia tomará medidas ejemplares contra quienes promueven la intolerancia en su propio territorio?
Si algo ha dejado claro este episodio, es que la obsesión patológica argelina contra Marruecos no conoce límites, ni siquiera los del más elemental sentido de humanidad
