Rue20 Español/Rabat
En un incidente que ha puesto en evidencia las crecientes tensiones entre Argelia y Francia, Abdelaziz Khellaf, asesor del presidente Abdelmadjid Tebboune y exjefe de gabinete, fue denegado el acceso a territorio francés a pesar de portar un pasaporte diplomático.
El régimen argelino, normalmente vociferante en sus críticas a Francia, ha mantenido un silencio embarazoso sobre este desaire.
El incidente, revelado por el periodista franco-argelino Mohamed Sifaoui, ocurrió a principios de esta semana en el aeropuerto de París-Orly. Khellaf, quien también ha ocupado cargos ministeriales y diplomáticos, viajaba acompañado de su hijo.
Según Sifaoui, las autoridades francesas le denegaron la entrada por no presentar un seguro de viaje ni justificar un lugar de estancia; requisitos que, técnicamente, invalidan incluso un pasaporte diplomático.
Si bien la razón oficial se basa en procedimientos, el contexto político sugiere una lectura diferente. La negativa a Khellaf se produce en medio de una escalada de tensiones entre ambos países, particularmente en relación con el apoyo de Francia a la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara.
Este incidente se asemeja a una respuesta a la reciente negativa de Argelia a recibir al tiktoker Doualemn, expulsado de Francia. Sin embargo, la diferencia radica en la envergadura del afectado: en un caso, un desconocido; en el otro, un colaborador cercano al presidente argelino.
La humillación para Argelia es aún mayor considerando el uso indiscriminado de pasaportes diplomáticos por parte del régimen.
Lo que debería ser un privilegio reservado a diplomáticos en ejercicio de sus funciones, se ha convertido en una herramienta de clientelismo político, otorgada a funcionarios, militares y sus allegados.
Este pasaporte les permite acceder a Francia sin visado, disfrutar de atención médica, realizar negocios e inversiones, a menudo ocultas tras complejas estructuras societarias; como en el supuesto caso de Khellaf, quien según Sifaoui posee propiedades en Francia a nombre de una sociedad civil inmobiliaria.
El silencio de Argelia ante este incidente contrasta con su habitual retórica anti-francesa.
Este mutismo sugiere la incomodidad del régimen ante un desaire público que expone no solo la fragilidad de sus privilegios diplomáticos, sino también la arbitrariedad en su concesión.
El exembajador francés en Argelia, Xavier Driencourt, ha denunciado repetidamente este abuso, instando a Francia a revocar este acuerdo de exención de visados.
La acción de las autoridades francesas, si bien justificada técnicamente, parece enviar un mensaje claro a Argel: los privilegios tienen límites, especialmente en un contexto de tensiones diplomáticas. La pelota está ahora en el tejado argelino, que deberá decidir si responde a esta «pulla» o continúa su embarazoso silencio.
