Rue20 Español/ Rabat
En diplomacia, los gestos importan. Cada llamada, cada reunión y cada omisión envían un mensaje. La administración Trump ha iniciado su ronda de contactos internacionales y la ausencia de España en la lista ha generado titulares en la prensa española. Marruecos, en cambio, sí ha sido uno de los países con los que el Secretario de Estado, Marco Rubio, ha mantenido conversaciones en estos primeros días de mandato.
El diario digital español El Confidencial, en su artículo «Esperando a Rubio», se suma a medios como El Mundo y The Objective en destacar que Estados Unidos ha priorizado el contacto con Marruecos y otros socios estratégicos antes que con el gobierno español. Sin embargo, este hecho no debería sorprender. Washington no actúa por simpatías personales ni por afinidades históricas, sino por cálculos pragmáticos. Marruecos ha sabido consolidar su papel como un aliado estable en el norte de África, con relaciones sólidas en defensa, seguridad y cooperación económica con Estados Unidos.
La respuesta es simple: Marruecos es un socio sólido para Estados Unidos en África y el Mediterráneo. La relación entre Rabat y Washington se ha fortalecido por razones concretas:
España sigue siendo un aliado fundamental para Estados Unidos dentro de la Unión Europea y en el marco de la OTAN. Las bases militares en suelo español y la colaboración en temas estratégicos mantienen la relación bilateral en un nivel sólido, pero la falta de contacto en esta primera etapa evidencia que la Casa Blanca tiene otras prioridades inmediatas. España no es vista como una prioridad para Trump. Sus recortes en gasto militar, su alineación con la política de Bruselas y su falta de peso en la agenda internacional estadounidense han hecho que pase a un segundo plano. No es un socio esencial en defensa, no es un aliado ideológico del trumpismo y no tiene el peso económico de Francia o Alemania.
Más allá de la lectura que hagan los medios españoles sobre este arranque de mandato, lo cierto es que la diplomacia es un juego de posiciones y oportunidades. Marruecos ha sabido aprovecharlas, España tiene los medios para hacerlo también. La cuestión es cómo cada país gestiona su lugar en el tablero internacional.
