Mequínez: mucha historia, poco conocida

"Más sosegada y tranquila que otras ciudades vecinas, es la preferida por los turistas que buscan el Marruecos más auténtico"

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Rue20 Español/ Mequínez 

 

El periódico español La Vanguardia publicó este martes, 26 de abril de 2022, un artículo titulado «Meknes, la ciudad imperial marroquí más desconocida», escrito por Óscar Fernández, donde describió la medina de Mequínez.

 

«Más sosegada y tranquila que otras ciudades vecinas, es la preferida por los turistas que buscan el Marruecos más auténtico», dice La Vanguardia. 

 

Ha destacado también que «la medina de Meknes es patrimonio de la humanidad por su interés social, artístico e histórico».

 

«Cuando se piensa en destinos exóticos, el español medio pone su mirada en lugares como Indonesia, Tailandia o Mozambique. Pero no es necesario viajar hasta destinos tan lejanos para poner patas arriba tu propio mundo. A veces, es suficiente con tomar un avión (o ferry, si se desea) y poner rumbo a Marruecos, un país a tan solo una o dos horas de España -dependiendo del aeropuerto-, en el que la concepción de sociedad y la percepción del tiempo es totalmente opuesta al del Viejo Continente», así comienza el diario español el artículo.

 

Para La Vanguardia, existen reductos en Marruecos como Meknes, «donde la autenticidad va de la mano del sosiego, donde es posible disfrutar de las bondades y el exotismo de Marruecos sin agobios y sin estrés. Una ciudad imperial cargada de encanto y que todavía, a día de hoy, sigue siendo una gran desconocida para la mayor parte de los turistas».

 

«La medina de Meknes, al igual que la de Fez o la de Marrakech, es patrimonio de la humanidad por su interés social, artístico e histórico. Y esto se palpa a cada paso, desde los pequeños detalles decorativos de puertas particulares o las espectaculares ornamentaciones de los minaretes de las mezquitas, un lugar fascinante para los viajeros, aunque los locales ya están acostumbrados a su espectacularidad,  y esto forma parte del gran truco de magia de Meknes: que turismo y cotidianidad conviven de una manera increíblemente armónica», describe. 

 

Sobre El Hedim, la plaza más famosa de Mequínez, dice el periódico español:

 

«Si la medina de Meknes es un laberinto, la plaza El Hedim podría ser su punto de partida. O, mejor aún, un merecido descanso a cualquier caminata por sus intrincadas calles. Esta plaza es el epicentro de la localidad, y en ella se congregan decenas de comerciantes que venden tantos artículos como sea posible imaginar, pintorescas cafeterías donde disfrutar de un té a la menta acompañado de un inolvidable atardecer, o alguno de los monumentos más fotogénicos de la ciudad, como la puerta de Bab Mansour».

 

«Aparte de esto, El Hedim alberga un tesoro oculto ante los ojos de todos: el Dar Jamai. Este museo se enmarca dentro de un majestuoso palacio, construido en 1882 como residencia de Mokhtar Ben Larbi Jamai, visir del sultán Moulay Hassan I. El lujo y la opulencia se palpan a cada paso, haciéndose especialmente brillantes en lugares como el patio o algunas estancias, cuyos techos y mosaicos bien podrían pertenecer a la Alhambra. En 1920, este palacio dejó sus funciones residenciales para convertirse en uno de los museos más interesantes y mejor organizados de Marruecos», añade. 

 

La Vanguardia menciona también en su artículo la madraza Bou Inania:

 

«La madraza Bou Inania no es una visita indispensable por lo que se va a aprender en ella, sino por su incontestable belleza. Fue construida a mediados del siglo XIV, casi al mismo tiempo que su melliza de Fez (con quien comparte nombre) y, desde ese mismo momento, se convirtió en uno de los edificios más deslumbrantes de Meknes. Hoy, presume también de contar con algunas de las decoraciones más refinadas de todo Marruecos, y ofrece una preciosa vista panorámica de la medina. Todo ello, por un módico precio que apenas rebasa el euro».

 

«Ya fuera de la medina, casi en los límites de la ciudad imperial, se eleva una de las visitas claves: el mausoleo de Mulay Ismail. Su relevancia radica tanto en su importancia histórica (en él descansan los restos del sultán que sentó las bases del Marruecos actual) como en su belleza arquitectónica. Fue construido a principios del siglo XVIII, y es un fiel reflejo de la grandeza que se respiraba en Meknes cuando esta era la capital del reino de Marruecos. Destacan en su interior las tumbas reales, la magnífica decoración en estucado y cuatro relojes que fueron regalados al sultán por su buen amigo Luis XIV, el rey francés con quien hizo muy buenas migas», concluye.

 

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