UE, Madrid y Rabat condenados a entenderse ante el desafío migratorio

España y la UE preocupadas por el desafío inmigración, pero no ponen toda la carne en el asador

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Rue20 Español/ Mohammadia

 

Slimani Toufiq 

 

 

No se puede tapar el sol con el dedo. La inmigración es un desafío global y regional que necesita respuestas comunes y atrevidas.

 

Desafortunadamente, la UE y España miraban por otro lado, cuando ese desafío estaba lejos. Cuando llama a sus puertas empiezan a gritar en voz alta. Y lo peor es que se inventan coartadas y se distribuyen acusaciones a diestra y siniestra.

 

Marruecos no escatima esfuerzo en la lucha contra las redes de inmigración. No escatima esfuerzo en ayudar a miles de inmigrantes subsaharianos que han decidido vivir y convivir en la sociedad marroquí. Más de 54.000 inmigrantes se han beneficiado desde 2014 de la iniciativa de la regularización de su situación jurídica. Marruecos no es un paraíso para los inmigrantes, tampoco es un infierno.

 

Muchos han abandonado la idea de cruzar la frontera hacia Europa. Pero miles de inmigrantes siguen soñando con Europa como la única salvación. Marruecos no tiene la culpa de que hayan dejado sus países de origen. Aún así intenta ayudarles dentro de lo que cabe.

 

Los efectos de la pandemia, de la guerra entre Occidente y Rusia en Ucrania, el terrorismo en el Sahel y el Gran Sahara, la sequía, los golpes de Estado, entre otros, son factores que agravan más el desafío migratorio. Habrá más olas de inmigración, Marruecos por sí solo no las podrá frenar. Es la pura realidad, y no gusta.

 

La doblez de Europa y España no ayuda a minimizar este desafío. Lo fácil es acusar a Marruecos de relajarse ante el asalto de los inmigrantes en las últimas horas, pero es difícil sentarse a hablar, negociar y salir con una batería de decisiones capaces de combatir las verdaderas causas de la inmigración. Controlar unas largas fronteras terrestres y marítimas cuesta, más en tiempos de crisis.

 

Marruecos sigue sin tirar la toalla ante la presión migratoria, pero la sequía, la subida de precios y las crisis políticas, sociales y económicas alimentarán tanto las olas migratorias en países de origen como los bolsillos de los traficantes. LA UE debería repensar su nueva política migratoria. España debe repensar su Discurso.

 

La entrada de 850 inmigrantes subsaharianos a la ciudad ocupada de Melilla en las últimas horas hace saltar las alarmas en el Gobierno español.

 

El desafío de la inmigración pasó desapercibido por la Moncloa y la UE durante varios meses, y solo se recuerda cuando se producen entradas por mar o tierra.

 

El ministro de Asuntos Exteriores, UE y Cooperación, José Manuel Albares, ha indicado este jueves que está manteniendo contactos con las autoridades marroquíes con vistas a «reconducir la situación» tras los dos saltos masivos del valle en Melilla registrados en las últimas 48 horas, según Europa Press.

 

«Es un hecho muy preocupante», subrayando que «llevábamos muchos meses sin que se produjeran este tipo de saltos o cuando había habido intentos en colaboración con las autoridades marroquíes habían logrado repelerse y no llegar a esta gravedad». Pero no brindó más detalles sobre dichos contactos, más allá de asegurar que también está «dedicando a este asunto muchas horas», aclaró la misma fuente.

 

Unos 2.500 migrantes intentaron saltar la valla fronteriza en Melilla ayer por la mañana, solo 500 entraron a la ciudad. También unos 1.200 han vuelto a intentar saltar hacia Melilla, 350 de ellos acertaron.

 

España ya mueve ficha tras la entrada de los 850 inmigrantes a Melilla por miedo a que las cosas vayan de guatemala a guatepeor.

 

Marruecos se sitúa desde muchos años en la primera línea de fuego. Ahora, España y la UE tienen que poner toda la carne en el asador para enfrentar el desafío de la inmigración en un contexto turbulento a nivel regional y mundial.

 

La gran pregunta es la siguiente: ¿cómo puede Albares reconducir la situación si los días de la crisis hispano-marroquí no parecen acercarse a su fin?

 

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