España y su ¡Agua va!

La prensa marroquí en España es tratada por los medios españoles como prensa alauita, con muy buenos contactos con los circuitos del poder, o simplemente medios no independientes, acusándola de sacar información de fuentes interesadas.

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Rue20 Español/Granada

 

Abderrahman Rahmani

 

Marruecos en algunos medios españoles es un maratón sin tregua de ataques, acusaciones, difamaciones, calumnias, o simplemente falsedades para ridiculizar con el objetivo de perpetuar, en las nuevas generaciones, esa imagen negativa de un país gris, que lleva España arrastrando desde la edad media.

 

No importa el tema de que se trate. Porque hasta lo que puede ser considerado como bueno para Marruecos, por ejemplo su desarrollo industrial, su apuesta por las energías verdes, las grandes infraestructuras, el hallazgo de reservas de gas o el desarrollo del norte del país,…etc., es visto y vendido por esa prensa española y sus presuntos expertos, como algo que debe molestar a España o que directamente va en contra de sus intereses.

 

Ese relato que hacen de la relación pasada o actual entre los dos países es digno de un profundo y por tanto largo psicoanálisis, que tampoco en realidad garantizará extirpar el mal endémico que habita sus mentes. En eso, se confunden todos los gremios, desde académicos, periodistas, militares nostálgicos, políticos, oenegés, agricultores, pescadores …etc., porque no tiene sentido a que todo lo que venga de la historia común entre los dos países, o de las actuales relaciones que abarcan todos los ámbitos, puede ser sólo y exclusivamente fuente de agravios contra España. No tiene sentido porque entre otras cosas, unos 15 mil millones de euros atraviesan el estrecho cada año, de los cuales comen muchas familias españolas.

 

Este sin sentido lo vemos reproducido en las redes sociales por las nuevas generaciones, incluso con mayor agresividad y sin ninguna reflexión.

 

Por otro lado, la prensa marroquí en España es tratada por los medios españoles como prensa alauita, con muy buenos contactos con los circuitos del poder, o simplemente medios no
independientes, acusándola de sacar información de fuentes interesadas. Se trata de deslegitimar.

 

Si esto es cierto, qué diferencia hay con sus colegas españoles que claramente basan sus trabajos sobre Marruecos en sus contactos con los servicios de inteligencia de ambos lados, supuestas fuentes conocedoras de ciertos asuntos o políticos, siendo todos y cada uno una fuente interesada.

 

Por la misma regla, la prensa española se le puede añadir también el adjetivo de borbónica, sin que nadie se lleve la mano a la cabeza, a juzgar no solo por la defensa de la monarquía española antes y desde su regreso al trono, sino que defiende con una mentalidad anacrónicamente colonial, aunque la historia y la geografía digan lo contario, la ocupación de ciudades marroquíes de Sebta y Melilia y las islas Chafarinas.

 

Esos medios que se empecinan en dar lecciones todos los días, pero sin dar la oportunidad a nadie de Marruecos en ningún medio de comunicación español, que no esté alineado con los soflamas contra Marruecos, sus políticas, sus relaciones internacionales o su integridad
territorial. No ponen a nadie en frente para confrontar sus argumentos, precisamente para ocultar a esas nuevas generaciones las posiciones y los argumentos de Marruecos. Así que todas las tertulias, crónicas, artículos… donde intervienen esos presuntos expertos en el Magreb, se
quedan en pura propaganda y carecen de toda credibilidad.

 

El día que Manuel Valls ex primer ministro francés en Antena3 declaro que «El Polisario está involucrado en el tráfico de armas, seres humanos, drogas y por ello, constituye una amenaza real para la seguridad en la región del Sahel», los palmeros del grupo separatista salieron en trompa contra Valls, porque aquella declaración salía del guion y aquello, por supuesto, no se podía tolerar.

 

El ¡Agua va! no alcanzó a Manuel Valls, pero si el Sr. Valls fuera marroquí, le hubieran tachado inmediatamente de trabajar al servicio de Marruecos.

 

En realidad se hace innecesario que algunos de esos medios tengan corresponsales o enviados especiales a Marruecos. A juzgar por lo cocinado y recalentado de sus publicaciones, lo pueden hacer tranquilamente desde sus despachos o junto al calor de sus cloacas.

 

Conforta ver que la mayoría, pero silenciosa, de españoles y marroquíes de ambos lados, empresarios, investigadores, profesores, estudiantes, trabajadores, mujeres y hombres, que quizás sin darse cuenta, constituyen con su día a día, el verdadero espíritu de buena vecindad
en armonía y respeto mutuo.

 

Esa es la mayoría, pero hay que ser ágil para no dejarse manchar cuando el ¡Agua va!

 

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