Driouch: España quiere solucionar la crisis con Marruecos a bajo precio

España se encuentra hoy en una situación de “bloqueo” después de haber sido abandonada por los aliados de ayer, que adaptaron sus posiciones a los nuevos cambios, mientras que ella sigue sufriendo un verdadero shock de manera que no puede dar ningún paso más.

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Rue20 Español / Madrid 

 

Nabil Driouch 

 

La Institución Real española siempre ha desempeñado el papel de mediador en las relaciones entre los dos Reinos del Estrecho de Gibraltar. Es una mediación instaurada por los reyes Juan Carlos y Hassan II.

 

La reina Sofía, esposa de Juan Carlos, relató largo y tendido en sus memorias, redactadas por la periodista española Pilar Urbano, la especial relación que unió a los dos reyes. “A veces hablaban por teléfono de madrugada y el asunto terminaba solucionado”, dice la Reina. 

 

De hecho, todos los gobiernos españoles eran conscientes de que la Institución Real es imprescindible para solucionar cualquier problema urgente con Marruecos, sobre todo el problema de la inmigración, la cuestión del Sáhara, la de Ceuta y Melilla,… 

 

En la actualidad, Pedro Sánchez, presidente del Gobierno de España, intenta poner toda la carne en el asador para llegar a un «final feliz» de la crisis con Marruecos. 

 

Así que sacó del bolsillo de su chaqueta el último de sus papeles para detener la lluvia, luego de haberse encontrado remando solo contra la corriente dentro del Viejo Continente. 

 

Alemania, por la que España apostó en los últimos meses para asediar y presionar a Marruecos en los pasillos de la Unión Europea, le sorprendió con su postura inteligente y pragmática, en el momento en que las hachas derechistas le golpean y le responsabilizan de la destrucción de las relaciones con un socio estratégico indispensable (Marruecos) para lograr los intereses vitales de España. 

 

Además, las aspirinas que reparte Manuel Albares a los políticos de derecha durante las sesiones parlamentarias ya no sirven para aliviar el dolor de cabeza que provoca este tema.

 

Pedro Sánchez sabe muy bien la importancia de la Institución Real española y su estatus considerable en Marruecos, pero aquí no la respetó en tres ocasiones. 

 

Primero, cuando Sánchez impidió al rey Felipe VI que hiciera una mediación al comienzo de la crisis causada por la acogida secreta del presunto líder del Polisario, dejando las riendas en manos de la imprudencia de su exministra de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya, para la gestión de la crisis diplomática sin precedentes entre los dos países.

 

Segundo, cuando condecoró al artífice de la crisis con Marruecos, González Laya, con el máximo honor que concede el Estado español, como si la premiara por todos los estragos que provocó en el terreno de las relaciones hispano-marroquíes. 

 

Tercero, cuando su Ministro de Asuntos Exteriores, Manuel Albares escribió un comunicado y se lo dio al Rey para que lo leyera, esperando a que las palabras del Felipe VI cosquillearan los sentimientos de los vecinos, y a que terminara la crisis sin que Madrid tomara ninguna iniciativa ni minimizara su hostilidad continua hacia la integridad territorial de Marruecos.

 

Parece que los paneles de rebajas que Sánchez ve estos días colgados en las fachadas de las tiendas madridistas pueden haberle confundido y le han hecho mirar su problema con Marruecos desde el ángulo de la temporada de rebajas, ya que está tratando de solucionar la crisis; pero con precio mínimo.

 

Tenemos que saber que la cuestión del Sáhara en España es un complejo psicológico tanto para los de abajo como para los de arriba (la élite), más que una mera cuestión política.

 

Esta carga psicológica debe ser evocada a la hora de presentar las posiciones y actuaciones de España en relación con el expediente del Sáhara.

 

De una manera u otra, España siempre ha querido formar parte de este expediente, aunque sea de manera menos notable, como por ejemplo poniendo a disposición de los enviados especiales de la ONU un avión con su bandera durante sus giras por la región en busca de una solución al diferendo. 

 

Sin embargo, la verdad es que España contribuye realmente a la prolongación de la búsqueda de esta solución, a través de su apoyo directo al Frente separatista financiera, mediática y políticamente.

 

España se encuentra hoy en una situación de “bloqueo” después de haber sido abandonada por los aliados de ayer, que adaptaron sus posiciones a los nuevos cambios, mientras que ella sigue sufriendo un verdadero shock de manera que no puede dar ningún paso más.

 

España aplica estos días la lógica de andar por las ramas para salir de su crisis con Marruecos, de modo que activa una tardía mediación de la Institución Real española, así como el viaje, sin maletas, del señor Albares a Washington para reunirse con su homólogo estadounidense Anthony Blinken.

 

Después del encuentro, envió un mensaje a Rabat a través de la Agencia de Europa Press para decirle que se puso de acuerdo con Blinken para acelerar una solución al problema del Sáhara, y en la misma declaración, a causa de un desliz flagrante, dijo que miles de personas (saharauis) están esperando una solución a este expediente, mientras que la realidad es que 40 millones de marroquíes, todos sin excepción alguna, están esperando esta solución y no solo los miles contados por la imaginación del señor Albares. Se trata de un complejo psicológico, como he dicho antes. 

 

Estados Unidos ya ha determinado sus alianzas en la región, y a diferencia de lo que soñaban Sánchez y su equipo con que Washington cambiaría de postura respecto a su reconocimiento de la marroquinidad del Sáhara con la llegada de Biden, era solo una quimera e ilusión. 

 

Además, el “humillante” encuentro imaginario entre Sánchez y Biden, que duró veinte segundos, bastó para quitar la máscara demostrando la verdad.

 

Madrid no metió su nariz en el proceso de la búsqueda de una solución al conflicto del Sahara junto a Washington hasta después de haberse dado cuenta de la gran importancia que tiene Marruecos en la Casa Blanca, y hoy intenta vender la ilusión en botellas de oro y entrar en Rabat por la puerta de Washington, cabalgando sobre declaraciones vagas.

 

El señor Albares no nos informó de cómo cooperaría con Washington, que reconoce la marroquinidad del Sáhara, y cuya posición fue una de las principales causas del estallido de la crisis actual, ¿Cómo lo haría pues? 

 

Corre a diestro y siniestro para lograr que la reconciliación con Marruecos no pase necesariamente por cambiar las posiciones de Madrid y su declarada hostilidad a la integridad territorial de Marruecos.

 

Como si el Presidente del Gobierno marroquí, Aziz Akhannouch, respondiera directamente a Sánchez y Albares en su entrevista televisiva, transmitida por los canales marroquíes «Al Aoula»  y «2M», cuando respondió a una pregunta sobre la política exterior de Marruecos mencionando dos palabras «mágicas» que son: lealtad y ambición, destacando que para construir relaciones que tienden a lograr grandes intereses con cualquier país, esto debe ir acompañado de la lealtad, y esta última incluye la cuestión del Sáhara. 

 

¿Fue España – que ha sido el primer socio comercial de Rabat desde 2013 – leal con Marruecos en el expediente del Sáhara durante los últimos años? Ustedes tienen la palabra para responder. 

 

Traducción: Mohamed Charbi

 

 

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