Rue20 Español/Rabat
La famosa serie documental brasileña, conducida por William Bonner, dedica su primer episodio a explorar el alma marroquí, desde las calles milenarias de Fez hasta la moderna grandiosidad de Casablanca, en la antesala de la Copa del Mundo de 2030.
En un movimiento que trasciende lo meramente deportivo para adentrarse en el tejido histórico y cultural de las naciones, el reconocido programa brasileño Globo Repórter ha puesto sus reflectores sobre Marruecos. El periodista William Bonner, en su primera incursión internacional para el formato, eligió el Reino como punto de partida de una serie de tres episodios que exploran los lazos entre Marruecos, España y Portugal, países que compartirán la organización de la Copa del Mundo de 2030.
https://youtu.be/sHKMYUk0d-Q?is=2LYg0lkBrOCyD9dd
El episodio, emitido el pasado 17 de julio, no es un mero reportaje turístico, sino una inmersión profunda en la identidad de una nación que se prepara para ser el epicentro del fútbol mundial sin renunciar a su rico pasado. «La serie acompaña la trayectoria histórica que conecta Marruecos, España y Portugal, comenzando por el territorio marroquí», destaca la producción. Bonner, quien confesó que era su primera vez en el país, quedó cautivado por el contraste entre la tradición milenaria y la modernidad cosmopolita.
El viaje arranca en un punto geográfico y simbólico de primer orden: el Estrecho de Gibraltar. Con solo 14 kilómetros separando las costas de África y Europa, Bonner sitúa a Marruecos no como un confín, sino como un umbral. «Es el canal que liga el Océano Atlántico al Mar Mediterráneo, donde África y Europa casi se encuentran». Esta apertura no es fortuita; es la antesala de un relato que presenta a Marruecos como el histórico puente de civilizaciones, un papel que el Reino ha desempeñado durante siglos y que ahora se revitaliza con la mirada global del Mundial.
El corazón del reportaje late con fuerza en la medina de Fez, declarada Patrimonio de la Humanidad. Bonner recorre sus miles de calles laberínticas y sus centenares de mezquitas. Allí, el periodista se detiene en la Universidad de Al-Qarawiyyin, un emblema del saber islámico y occidental. Fundada en el año 859 por Fátima al-Fihri, esta institución es reconocida por el Guinness World Records como la universidad más antigua del mundo en funcionamiento, un testimonio del papel pionero de la mujer marroquí en la educación y la cultura.
El programa también se detiene en los talleres artesanales. Las cámaras capturan el minucioso trabajo de los artesanos en la creación del zellige (azulejo), la cerámica y el cuero, rescatando técnicas que han sobrevivido por siglos. Bonner visitó los famosos curtidores y la Plaza de los Carpinteros, donde cada gremio atestigua la organización social de la ciudad. «Las tradiciones están muy preservadas», comenta el presentador, destacando la labor de los artesanos que mantienen vivo el legado andalusí que define gran parte de la identidad del país.
La ruta continúa hacia Chefchaouen, la mística «Ciudad Azul». El reportaje explica la tradición de pintar las calles de azul, vinculada a los refugiados judíos sefardíes del siglo XV, y su simbolismo espiritual. Este enclave, una de las ciudades más fotografiadas del mundo, es para Bonner y su equipo un lienzo vivo que narra la historia de los diferentes pueblos que han contribuido a la formación de la identidad marroquí.
El viaje culmina en la vibrante Casablanca, donde la monumental Mezquita Hassan II se erige como un faro arquitectónico. Con su minarete de 210 metros, el templo no solo es un lugar de culto, sino un símbolo de la apertura y la tolerancia religiosa que caracteriza al Reino.
El reportaje destaca la convivencia de templos de las tres religiones monoteístas en el país, subrayando el mensaje de paz y entendimiento que Marruecos proyecta al mundo. Bonner también refleja el asombro ante la dualidad del país: «Tiene una ciudad como Casablanca o como Tánger, que son cosmopolitas, con trazos más modernos», en contraste con la tradición de Fez.
El episodio cierra con dos miradas hacia el futuro. Por un lado, se evocan las leyendas sobre las Columnas de Hércules, vinculando la mitología con la geografía del Estrecho. Por otro, se ofrece un vistazo a los preparativos para 2030, como la modernización del estadio Ibn Batouta de Tánger, para cumplir con los estándares de la FIFA.
La ambición marroquí, sin embargo, va más allá. El programa se emite en un contexto donde el Reino apuesta fuerte por ser el escenario de la final del Mundial. El Gran Estadio Hassan II, que se construye en la provincia de Benslimane, está diseñado para albergar a 115.000 espectadores, lo que lo convertiría en el más grande del mundo. Marruecos ha presentado seis estadios para el torneo, incluyendo los de Rabat, Marrakech y Agadir, demostrando su capacidad logística y su firme compromiso con el éxito del evento.
El Globo Repórter logra capturar la esencia de un Marruecos que se prepara para recibir al mundo. Como reflexiona el propio Bonner, el deporte, y en especial el fútbol, sirve como un puente para unir naciones y culturas. La serie no solo muestra los escenarios del próximo Mundial, sino que desvela las conexiones históricas y culturales que ya unen a Marruecos con sus socios ibéricos.
Al poner sus reflectores sobre el Reino, el programa brasileño se suma al creciente coro internacional que reconoce a Marruecos no solo como una sede deportiva de primer nivel, sino como un destino cultural y espiritual ineludible, un país donde la historia se respira en cada callejón y donde el futuro se construye con la solidez de sus tradiciones. La cita de 2030 ya ha comenzado a escribirse, y el mundo, a través de los ojos de Bonner, está descubriendo el fascinante prólogo marroquí.
