Lamine Yamal, segundo campeón del mundo de origen marroquí

 

Rue20 Español/ Fez

Meryem Ghoua

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El extremo de 19 años, hijo de padre marroquí, se convierte en el segundo futbolista de origen marroquí en alzar el trofeo más preciado del fútbol, tras la gesta de Adil Rami en 2018.

El MetLife Stadium de Nueva Jersey fue testigo este domingo de un hito que trasciende lo deportivo. España se proclamó campeona del mundo por segunda vez en su historia al imponerse por 1-0 a Argentina en una final que se decidió en la prórroga. Pero más allá del resultado, la gesta de La Roja llevó consigo un poderoso eco que resonó con especial fuerza en Marruecos: la consagración de Lamine Yamal, el talentoso extremo de padre marroquí, como uno de los artífices del título.

El joven de 19 años, nacido en Esplugas de Llobregat (Barcelona) el 13 de julio de 2007, no fue el autor del gol decisivo —anotado por Ferran Torres a los 37 segundos del segundo tiempo de la prórroga tras una asistencia de Nico Williams— pero su presencia en el césped fue un factor determinante para el dominio español. Con 62 toques, cinco regates completados y una precisión en el pase del 80%, Yamal fue un constante quebradero de cabeza para la defensa argentina. El propio seleccionador, Luis de la Fuente, había confirmado dos días antes que el jugador superaba unas molestias musculares y estaría disponible para la final.

Con este triunfo, Lamine Yamal inscribe su nombre en una selecta lista que enorgullece a Marruecos. Se convierte en el segundo futbolista de origen marroquí en ganar una Copa del Mundo, una década después de que Adil Rami lograra la gesta con Francia en el Mundial de Rusia 2018.

Rami, nacido en Bastia (Córcega) en 1985, posee la doble nacionalidad francesa y marroquí. Aunque no disputó ni un solo minuto en aquel torneo, su presencia en el plantel galo como defensa central y su condición de franco-marroquí lo convirtieron en el primer embajador de la diáspora marroquí en alcanzar la cima del fútbol mundial. Ocho años después, Yamal no solo repite el hito, sino que lo hace desde el protagonismo absoluto en el terreno de juego.

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El vínculo de Lamine Yamal con Marruecos es profundo y reconocido. Su padre, Mounir Nasraoui, es de origen marroquí, mientras que su madre, Sheila Ebana, es de Guinea Ecuatorial. A pesar de haber nacido y crecido en España y de representar a La Roja, el extremo nunca ha ocultado sus raíces.

A lo largo del torneo, Yamal ha portado en sus botas las banderas de los países de origen de sus padres y ha lucido una cinta en la cabeza con el nombre de «Rocafonda», el barrio obrero y multicultural de Mataró (Barcelona) donde creció y aprendió a jugar al fútbol. Su famoso gesto con las manos mostrando el «304», en referencia al código postal de ese vecindario, es una constante en sus celebraciones.

«Lamine, que nació en España de padre marroquí y madre ecuatoguineana, nunca ha olvidado sus raíces», destacaba este mismo domingo una crónica de la agencia Reuters. En el barrio de Rocafonda, donde aún residen su abuela y un primo, los vecinos celebraron con banderas el triunfo de «uno de los suyos».

La conquista de España no solo fue celebrada en las calles de Madrid y Barcelona. En Marruecos, el éxito de Yamal ha sido recibido con un sentimiento de orgullo compartido. El extremo, que incluso pudo haber vestido la camiseta de la selección marroquí gracias a la nacionalidad de su padre, es percibido como un hijo de la diáspora que ha llevado el nombre de sus ancestros a la cima del fútbol planetario.

La final, que enfrentó a dos potencias mundiales, tuvo en Lamine Yamal a su gran protagonista joven. El duelo generacional con Lionel Messi —a quien Yamal conoció en 2007 cuando era un bebé en una sesión fotográfica benéfica— se resolvió a favor del talento emergente. Mientras el astro argentino, de 39 años, veía esfumarse su sueño de revalidar el título, Yamal caía de rodillas al sonido del pitido final, consumando una gesta que, por su origen, pertenece también a Marruecos.

Con 19 años, Yamal se convierte en uno de los futbolistas más jóvenes en ganar un Mundial. Pero más allá de las estadísticas, su triunfo es el reflejo de un fútbol sin fronteras y de una generación de talentos que honran sus orígenes mientras escriben su propia leyenda. Marruecos, que ya vio a Adil Rami levantar el trofeo en 2018, vuelve a tener un motivo para sentirse campeón del mundo.

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