Rue20 Español/Rabat
El embajador Philippe Lalliot lidera una ofensiva diplomática sin precedentes que combina el respaldo al plan de autonomía, el desembarco económico en las provincias del sur y una hoja de ruta institucional que culminará con la visita del Rey Mohammed VI a París.
La Residencia de Francia en Rabat fue escenario anoche de una recepción con motivo de la Fiesta Nacional francesa que trascendió lo protocolar para convertirse en una vibrante declaración de principio, según varias fuentes.
El embajador Philippe Lalliot, al frente de su primera recepción oficial desde su toma de posesión, aprovechó la ocasión para reafirmar con claridad meridiana el respaldo de París a la integridad territorial del Reino, calificando la cuestión del Sáhara como “existencial para Marruecos”.
“Para Francia, el presente y el futuro del Sáhara se inscriben en el marco de la soberanía marroquí”, declaró el diplomático ante un auditorio que reunía a miembros del Gobierno marroquí, responsables económicos y representantes de la sociedad civil. Un mensaje que no es nuevo, pero que adquiere una dimensión especial al llegar apenas unos días después de que Lalliot realizara su primer desplazamiento oficial a El Aaiún, la capital de las provincias del sur.
El pasado 1 de julio, el embajador francés eligió las provincias del sur del Reino para su primera visita oficial fuera de la capital, un gesto de alto valor simbólico que, según sus propias palabras, “ilustra la importancia particular que Francia concede a esta parte del Reino”. Durante su estancia en El Aaiún, Lalliot se entrevistó con el valí de la región Laâyoune-Sakia El Hamra, Abdessalam Bekrate, y con el presidente del Consejo Comunal, Moulay Hamdi Ould Errachid.
El diplomático no solo reiteró el apoyo al Plan de Autonomía marroquí —que Francia considera, desde la carta del presidente Emmanuel Macron al Rey Mohammed VI en julio de 2024, la “base más seria, creíble y realista” para resolver el conflicto regional— sino que también puso el foco en el potencial económico de la región. Lalliot destacó los “numerosos proyectos estructurantes” en infraestructuras, servicios públicos y atractividad económica, y auguró que las provincias del sur están llamadas a convertirse en “un polo estratégico que conecte Europa y África” en la próxima década.
La visita coincidió con la inauguración de la Alianza Francesa de El Aaiún, un proyecto que el embajador enmarcó en “la implementación de los compromisos asumidos por el presidente francés Emmanuel Macron” durante su visita de Estado a Marruecos en 2024. Un gesto que, junto a la presencia del Liceo Francés Internacional Paul-Pascon, evidencia la voluntad de París de “extender y reforzar la cooperación cultural” en el Sáhara marroquí.
La recepción del 14 de julio no fue un acto aislado, sino la antesala de una semana que marcará un antes y un después en las relaciones bilaterales. Hoy mismo, el primer ministro francés, Sébastien Lecornu, llega a Rabat al frente de una delegación de una docena de ministros —entre ellos el jefe de la diplomacia Jean-Noël Barrot y el ministro del Interior Laurent Nuñez— para su primera visita oficial al extranjero desde su toma de posesión.
Mañana, Lecornu copresidirá con el jefe del Gobierno marroquí, Aziz Akhannouch, la Alta Comisión Mixta Marroquí-Francesa, el principal mecanismo de concertación gubernamental entre ambos Estados. Este encuentro de alto nivel, el más importante desde la llegada del nuevo embajador, servirá para rubricar un “paquete de acuerdos de cooperación en sectores estratégicos”, que abarcan desde la energía y la defensa hasta la economía y la cultura.
Pero el verdadero hito llegará en los próximos meses. Fuentes diplomáticas coincidentes confirman que se ultiman los preparativos para una visita de Su Majestad el Rey Mohammed VI a Francia, que podría sellarse con la firma de un acuerdo de asociación estratégica global, un tratado de carácter inédito en las relaciones de Francia con un país no perteneciente a la Unión Europea.
Este tratado, calificado por diversas fuentes como “político, jurídico e histórico sin precedentes” , consagraría un “partenariado de excepción” entre ambos países. No en vano, Marruecos se ha convertido en una pieza angular de la política exterior francesa en el continente africano y en el Mediterráneo, un socio fiable y estable en un entorno regional cada vez más complejo.
El respaldo francés a la soberanía marroquí sobre el Sáhara, materializado en la carta de Macron al Rey en julio de 2024 y refrendado ahora por la acción diplomática de Lalliot, ha abierto una nueva era en las relaciones bilaterales. Como recordó el embajador en su discurso, Francia defiende esta posición en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas desde que Marruecos presentó su iniciativa de autonomía en 2007.
Pero lo que distingue el momento actual es la voluntad de París de traducir ese respaldo político en una presencia institucional, económica y cultural creciente sobre el terreno. La elección de El Aaiún como primer destino oficial del embajador, la inauguración de la Alianza Francesa y el impulso a los proyectos de cooperación en energías renovables, economía azul e infraestructuras portuarias son la prueba fehaciente de que Francia apuesta por el desarrollo de las provincias del sur como parte integral del Reino.
Marruecos y Francia atraviesan, sin duda, el momento más dulce de su relación en décadas. El respaldo claro y sin ambages de París a la marroquinidad del Sáhara, la próxima visita del Rey Mohammed VI a Francia, la firma de un tratado de asociación estratégica sin precedentes y el despliegue de una cooperación multisectorial en las provincias del sur dibujan el mapa de una alianza que aspira a ser modelo de relaciones interestatales en el siglo XXI.
Como subrayó Philippe Lalliot durante la recepción del 14 de julio, Marruecos es un país “orgulloso de su larga historia y de sus tradiciones, pero también animado por fuertes ambiciones y decididamente vuelto hacia el futuro”. Y Francia, con este renovado compromiso, ha decidido acompañar a su socio estratégico en ese camino.
