Marruecos y Francia ultiman alianza sin precedentes antes de la Visita Real a París

 

Rue20 Español/Rabat

La decimoquinta sesión de la Alta Comisión Mixta, que se celebrará en Rabat el 15 y 16 de julio, no es un mero trámite diplomático. Es la primera gran cita presencial desde 2019, y llega para rubricar el giro copernicano que el presidente Emmanuel Macron imprimió a las relaciones bilaterales al reconocer, en julio de 2024, la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara.

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Esta cumbre, copresidida por el jefe del Gobierno marroquí, Aziz Akhannouch, y el primer ministro francés, Sébastien Lecornu, servirá de antesala a la esperada visita del Rey Mohammed VI a París el próximo otoño. La agenda, que abarca desde la energía nuclear hasta la disuasión submarina, dibuja los contornos de lo que París define como su primera «asociación estratégica» con un país no miembro de la Unión Europea, según fuentes concordantes.

La delegación francesa, encabezada por Lecornu y acompañada por una docena de ministros, aterrizará en Rabat-Salé la tarde del miércoles 15 de julio. Tras los encuentros bilaterales iniciales y las reuniones sectoriales, el jueves 16 se celebrará en la sede del Ministerio de Asuntos Exteriores la sesión plenaria de la Alta Comisión Mixta. Un acto protocolario sellará el reencuentro: la visita del primer ministro francés al Mausoleo Mohammed V para rendir homenaje al monarca que lideró la independencia del Reino.

Los números respaldan la ambición del momento: el intercambio comercial bilateral alcanzó un récord de 14.800 millones de euros en 2024, y Marruecos absorbe más del 40% de las exportaciones francesas al continente africano. Pero el salto cualitativo que se negocia ahora va más allá del comercio.

Según las mismas fuentes, uno de los puntos más innovadores de la agenda es el debate sobre el desarrollo de un sector de energía nuclear civil en Marruecos, mediante la tecnología de pequeños reactores modulares (SMR). El Reino aspira a diversificar su matriz energética y reducir su dependencia de los combustibles fósiles, aprovechando sus importantes reservas de uranio asociadas a los fosfatos.

Los SMR, con una capacidad de hasta 300 MW por unidad, representan una alternativa más flexible y escalable que los reactores tradicionales. Para Marruecos, esta vía encaja con su estrategia de transición energética y su ambición de convertirse en un polo tecnológico en la región.

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Otro pilar energético de la cumbre es el proyecto del cable eléctrico submarino que conectará Nador con Marsella, impulsado por la británica Xlinks a través de su filial francesa. Bautizado como «Qantara Med», este enlace de corriente continua de alta tensión (HVDC) podría alcanzar una capacidad de hasta 2.000 MW.

Su trazado, que evita el paso por España, supone un golpe geopolítico de envergadura: desplaza el tradicional «hub» energético ibérico y posiciona a Marruecos como puerta de entrada directa de electricidad verde al corazón de Europa. Para el Reino, es la consolidación de su rol como actor energético global; para Francia, una garantía de suministro renovable que elude las tensiones del Estrecho.

El capítulo militar de la cumbre promete ser igualmente decisivo. Francia aspira a convencer a Marruecos para que adquiera submarinos Scorpène, en el marco del ambicioso plan de modernización de las Fuerzas Armadas Reales. El Reino planea dotarse de tres submarinos antes de 2027, y la competencia es feroz: Corea del Sur, con su KSS-III, y Alemania pujan por el mismo contrato. España, según fuentes recientes, habría quedado fuera de la puja final.

La decisión marroquí no será solo técnica. La Armada Real ha seguido de cerca los ejercicios de rescate de submarinos en Turquía y mantiene contactos con la industria surcoreana, que ofrece precios competitivos y transferencia tecnológica. Francia, sin embargo, juega la baza de su histórica alianza y la interoperabilidad con sus propias fuerzas.

La cumbre de Rabat no es un fin, sino el pistoletazo de salida de una nueva etapa. El Rey Mohammed VI pondrá el broche de oro con su visita de Estado a París el próximo otoño, donde se espera la firma definitiva de los grandes acuerdos estratégicos.

Marruecos, fiel a su tradición de abrirse al mundo sin renunciar a sus principios, demuestra una vez más que sabe convertir las crisis en oportunidades. La asociación con Francia, renovada desde el respeto y la soberanía compartida, se perfila como un modelo de cooperación entre el norte y el sur del Mediterráneo. La historia, como el cable de Nador, tiende puentes donde antes había desencuentros.

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