La derrota pasa; las preguntas permanecen

 

Rue20 Español/ Fez

Meryem Ghoua

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El Mundial terminó para Marruecos, pero el debate apenas comienza. La derrota por 2-0 frente a Francia en los cuartos de final deja tristeza, orgullo y también preguntas. Y esas preguntas no deberían incomodar, porque una selección que aspira a conquistar títulos debe aceptar que el análisis forma parte del crecimiento.

En el fútbol no existen entrenadores intocables. Los resultados, sean buenos o malos, siempre deben ir acompañados de una evaluación objetiva de las decisiones tomadas. Criticar no significa desacreditar; sino analizar. Y el fútbol marroquí ha llegado a un nivel en el que ya no basta con competir. Ahora también debe exigir explicaciones cuando las cosas no salen como se esperaba.

Así ocurrió con Walid Regragui. El técnico que condujo a Marruecos a las históricas semifinales del Mundial de Catar 2022 fue justamente reconocido por aquella hazaña. Sin embargo, eso no evitó que recibiera críticas por algunas de sus decisiones, como el cambio de sistema frente a Francia o la apuesta por futbolistas que no estaban en plenitud física. Nadie cuestionó su legado, pero sí se debatieron sus elecciones. Y eso es completamente normal.

Lo mismo ocurrió en la última Copa Africana de Naciones. Marruecos ofreció probablemente algunos de los mejores partidos de su historia reciente frente a Camerún y Nigeria y terminó proclamándose campeón del torneo. Sin embargo, incluso durante aquella campaña victoriosa hubo decisiones tácticas y planteamientos que generaron debate. Porque el fútbol nunca depende de un solo factor y el análisis no debe desaparecer solo porque el resultado final haya sido favorable.

Ni siquiera Didier Deschamps ha escapado a esa realidad. El técnico francés, campeón del mundo y finalista en otra Copa del Mundo, convivió durante años con fuertes críticas tras los tropiezos de Francia en la Eurocopa. Ganar un Mundial no le convirtió en inmune al debate. Perder tampoco debería convertir automáticamente a un entrenador en el único responsable.

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Por eso, Mohamed Ouahbi tampoco está por encima de la crítica.

El seleccionador ha construido un equipo competitivo, ha devuelto a Marruecos a los cuartos de final de un Mundial y ha consolidado la presencia de una nueva generación de futbolistas. Ese trabajo merece reconocimiento. Pero el partido frente a Francia deja decisiones que también invitan a la reflexión.

De hecho, fue el propio Didier Deschamps quien admitió que la propuesta inicial de Marruecos le sorprendió.

«No voy a hablar de las decisiones de mi colega, pero me sorprendió la alineación inicial. Después entendí que no quería utilizar un delantero centro para obligar a nuestros defensas a salir de su zona y aprovechar los espacios por las bandas», explicó el seleccionador francés en la rueda de prensa posterior al encuentro.

Las declaraciones del técnico galo confirman que el planteamiento marroquí llamó la atención incluso en el banquillo rival. La idea tenía una intención táctica clara, pero sobre el césped no produjo el efecto esperado. Francia dominó desde los primeros minutos, monopolizó la posesión y apenas permitió que Marruecos encontrara continuidad con el balón. Durante buena parte del encuentro, los Leones del Atlas se vieron obligados a defender muy cerca de su área y dependieron de un extraordinario Yassine Bono para mantenerse con vida.

Ese contexto abre un debate legítimo: ¿podría Marruecos haber planteado un partido diferente? ¿Existían alternativas para competir de otra manera ante una selección como Francia? Son preguntas que no buscan señalar culpables, sino ayudar a entender qué faltó para volver a dar un paso más en la Copa del Mundo.

Porque la autocrítica no debilita un proyecto; lo fortalece. Los elogios son necesarios cuando se hacen bien las cosas, pero las derrotas también deben servir para identificar errores y corregirlos. El conformismo nunca ha llevado a ninguna selección a convertirse en campeona.

Marruecos ha dejado de ser una selección que celebra únicamente las gestas. Ahora es un equipo al que se le exige competir por títulos. Esa nueva realidad implica asumir que el cuerpo técnico, como los jugadores y los dirigentes, también debe ser evaluado cuando el plan no funciona.

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El proyecto de Mohamed Ouahbi sigue teniendo un enorme potencial y cuenta con una generación capaz de marcar una época. Precisamente por eso, el análisis debe hacerse desde la ambición y no desde la emoción. Porque si Marruecos quiere mantenerse entre la élite del fútbol mundial y llegar al Mundial de 2030 como uno de los grandes candidatos, tendrá que aprender tanto de sus victorias como de sus derrotas.

En el fútbol de élite, nadie está por encima de la crítica. Tampoco quien dirige a una selección que ya ha demostrado que puede mirar de frente a las mejores del mundo.

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