El sueño se detuvo, el futuro no

 

Rue20 Español/ Fez

Meryem Ghoua

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El silencio siempre pesa más después de una eliminación mundialista. Un día después de la derrota por 2-0 frente a Francia en los cuartos de final del Mundial 2026, Marruecos sigue asimilando el final de una aventura que volvió a hacer soñar a millones de personas dentro y fuera del país. La decepción es inevitable. Nadie quería despedirse tan cerca de las semifinales. Sin embargo, cuando la tristeza comience a disiparse, quedará una certeza difícil de discutir: los Leones del Atlas ya no son una selección revelación, sino una potencia capaz de competir de igual a igual con las mejores del planeta.

El golpe duele, sobre todo por el rival. Por segunda Copa del Mundo consecutiva, Francia volvió a cruzarse en el camino de Marruecos. En Catar 2022 fue el verdugo en semifinales; en Estados Unidos, México y Canadá 2026 lo fue en los cuartos de final. Dos generaciones extraordinarias frente a frente, dos partidos marcados por la intensidad y dos desenlaces favorables para una selección francesa que continúa demostrando por qué lleva casi una década instalada en la cima del fútbol internacional.

Pero reducir el recorrido de Marruecos a una derrota sería profundamente injusto. El equipo dirigido por Mohamed Ouahbi volvió a ofrecer un torneo de enorme nivel. Superó una exigente fase de grupos, eliminó a Países Bajos en una dramática tanda de penaltis y goleó a Canadá para instalarse entre las ocho mejores selecciones del mundo. Lo hizo con personalidad, sacrificio y una identidad de juego cada vez más definida.

Frente a Francia, los Leones del Atlas resistieron durante más de una hora. Yassine Bono volvió a firmar una actuación memorable, deteniendo un penalti a Kylian Mbappé y manteniendo con vida a su equipo cuando el dominio francés era absoluto. Solo la calidad individual de Mbappé y Ousmane Dembélé terminó inclinando un partido que exigió el máximo a una de las grandes favoritas al título.

La eliminación también deja lecciones. Marruecos ya no puede conformarse con competir. Después de alcanzar las semifinales en Catar y los cuartos de final en 2026, el nivel de exigencia ha cambiado. La selección ha elevado sus propias expectativas y ahora aspira a conquistar títulos, empezando por la próxima Copa Africana de Naciones. Así lo dejó claro Mohamed Ouahbi tras el encuentro: el objetivo sigue siendo construir un equipo todavía más fuerte con la mirada puesta en África y, sobre todo, en el Mundial de 2030.

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Y motivos para creer no faltan. El núcleo del equipo seguirá vigente durante los próximos años. Achraf Hakimi continúa en uno de los mejores momentos de su carrera; Brahim Díaz, Ismaël Saibari y otros referentes aún tienen margen para crecer; mientras que jóvenes como Ayyoub Bouaddi representan el relevo de una generación que no deja de producir talento. A ello se suma el respaldo institucional de la Federación Real Marroquí de Fútbol y la apuesta del Reino por el desarrollo de infraestructuras y del fútbol base.

El Mundial de 2026 termina con lágrimas, pero también con una convicción compartida por la mayoría de los aficionados marroquíes: este equipo todavía no ha escrito sus mejores páginas. El sueño se ha detenido, no ha terminado. Porque si algo ha demostrado Marruecos en los últimos años es que ya no pertenece al grupo de selecciones que sorprenden una vez. Pertenece al grupo de las que siempre están ahí.

Quizá esa sea la mayor victoria de los Leones del Atlas. Haber transformado la ilusión en costumbre, el orgullo en identidad y la ambición en una obligación. El Mundial se escapó. El futuro, sin embargo, sigue hablando marroquí. ¡SOMOS MARRUECOS!

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