Rue20 Español/Rabat
Cristóbal López Romero, al frente de la pequeña comunidad católica de Marruecos desde 2017, niega haber cometido «agresión, violencia o acoso sexual» y asegura cooperar con la pesquisa eclesiástica.
La diócesis católica de Rabat, una de las comunidades cristianas más reducidas y singulares del mundo árabe, atraviesa su momento más delicado en años. Su cardenal arzobispo, el español-paraguayo Cristóbal López Romero, de 74 años, anunció este martes que se aparta temporalmente de todas sus funciones públicas y pastorales mientras la Santa Sede examina una investigación preliminar abierta por denuncias de conducta inapropiada presentadas por al menos cinco mujeres adultas.
La noticia, revelada por una investigación de la agencia AFP y confirmada horas después por la propia Archidiócesis de Rabat, sacude a una Iglesia que apenas agrupa a unos 30.000 fieles en todo el Reino —la práctica totalidad extranjeros, en su mayoría estudiantes y migrantes subsaharianos— y que representa menos del 1% de la población marroquí.
López Romero no es un recién llegado al país. Antes de ser nombrado arzobispo, el religioso salesiano, licenciado en Ciencias de la Información, dirigió entre 2003 y 2010 la comunidad salesiana y el centro de formación profesional Don Bosco de Kenitra, a escasos kilómetros de Rabat.
El papa Francisco lo nombró arzobispo de la capital marroquí el 29 de diciembre de 2017 —el primer español al frente de la sede tras una larga sucesión de prelados franceses— y lo elevó al cardenalato en octubre de 2019.
Desde entonces se convirtió en una voz activa en la defensa de los derechos de los migrantes subsaharianos y en el diálogo entre musulmanes y cristianos, y fue una figura clave durante la visita de Francisco a Marruecos en 2019.
Según la información de AFP, que asegura haber tenido acceso a una denuncia escrita remitida a la nunciatura apostólica en Rabat y al testimonio de una mujer jubilada vinculada a la Iglesia, los hechos señalados incluyen contacto físico calificado de «inapropiado», abrazos descritos como «especialmente intensos y prolongados» y, en uno de los casos, un intento de aproximación física con fines de beso no consentido.
El propio cardenal rechazó tajantemente los señalamientos en una declaración remitida a la agencia EFE: «No he cometido ninguna agresión, ni violencia ni acoso sexual». No consta, hasta el momento, que Roma haya impuesto sanción alguna: la retirada de sus funciones ha sido, según las informaciones disponibles, una decisión adoptada por iniciativa propia del prelado.
En el comunicado oficial difundido por la Archidiócesis de Rabat, López Romero explicó que la Iglesia católica romana abrió una «investigación preliminar» tras las acusaciones y que el proceso se encuentra «en manos de las instancias romanas», con las que dijo estar cooperando plenamente. «Durante este período de investigación, para no entorpecerla, me apartaré, no presidiré ninguna celebración pública ni intervendré en ninguna actividad pastoral», señaló en el texto.
El cardenal reconoció el impacto que la noticia puede tener entre los fieles marroquíes y pidió comprensión, además de oraciones «por las personas que sufren esta situación», por la Iglesia en Marruecos y por él mismo. Durante su ausencia, la gestión pastoral de la diócesis quedará en manos del vicario general, mientras que la Archidiócesis remitió a quienes deseen aportar información o expresar inquietudes al Servicio de Prevención de Abusos diocesano.
El caso golpea a una comunidad que suele describirse a sí misma como un ejemplo de convivencia pacífica en un país de mayoría musulmana. La Constitución marroquí garantiza la libertad de culto, y el Rey Mohammed VI, en su condición de Amir al-Muminín («Príncipe de los Creyentes»), avala también la práctica religiosa de las minorías judía y cristiana del Reino.
Ese equilibrio, construido durante décadas, convierte cualquier sobresalto dentro de la jerarquía católica local en un asunto seguido de cerca, tanto por los fieles —en su mayoría jóvenes africanos de paso por Marruecos— como por observadores religiosos e institucionales dentro y fuera del país.
Por ahora, ni el Vaticano ni la diócesis han fijado un plazo para concluir la investigación preliminar, cuyo resultado determinará si el caso avanza hacia un proceso canónico formal o si López Romero retoma sus funciones al frente de la comunidad católica de Marruecos.
