Rue20 Español/Rabat
El Abbas Tahri Joutey Hassani
La identidad marroquí de Lamine Yamal ha vuelto a situarse en el centro del debate futbolístico, esta vez a raíz de una fotografía que el propio jugador compartió la noche del martes en su cuenta oficial de Instagram.
La instantánea, tomada por él mismo frente al reflejo metálico de una mochila, dejó ver un conjunto de elementos personales entre los que destacaban, junto a las banderas de Marruecos y España, su logotipo particular, una camiseta del Barcelona con el número 10 y alusiones a la paciencia y la constancia necesarias para perseguir el título mundial.
La imagen no tardó en generar comentarios en redes sociales, donde una parte de los usuarios interpretó el detalle como una nueva muestra del apego del extremo azulgrana hacia sus raíces paternas, en un momento en que su figura vuelve a ser observada con lupa por la afición marroquí durante el torneo que se disputa en Norteamérica.
No es la primera vez que este tipo de gestos protagonizan la conversación en torno al jugador de 18 años. Antes del inicio del Mundial, Yamal ya había estrenado unas botas personalizadas de Adidas —de la colección «Road to Glory»— en las que figuraban, junto a su nombre, las banderas de Marruecos y de Guinea Ecuatorial, países de origen de su padre, Mounir Nasraoui, natural de Larache, y de su madre, Sheila Ebana, oriunda de Bata.
La ausencia de la enseña española en aquel calzado desató entonces una notable polémica en medios y redes españolas, que días después el propio futbolista pareció querer suavizar al lucir, en el partido de octavos frente a Portugal, una cinta de pelo con la bandera de España junto a las de Marruecos y Guinea. Ese gesto conciliador, sin embargo, tuvo corta vida: tras las críticas recibidas por su rendimiento, Yamal sustituyó la cinta por otra con el mensaje «Ego Yamal» en el encuentro ante Austria.
El interés de Marruecos por el delantero no es nuevo ni se limita a las redes sociales. El presidente de la Federación Real Marroquí de Fútbol, Fouzi Lekjaa, llegó a lanzar hace unas semanas un desafío hacia el jugador, al afirmar en declaraciones al medio Aljazeera360: «Quiero una final con Lamine Yamal para ver si tomó la decisión correcta».
El dirigente ha insistido en que la federación respeta la elección deportiva del futbolista y que ello no resta profundidad al vínculo que mantiene con el país de su padre, subrayando además que las puertas de la selección marroquí permanecen abiertas para él y su familia sin ningún tipo de presión.
El propio Walid Regragui, entonces seleccionador nacional, había reconocido con anterioridad los intentos de la federación por convencer a Yamal de vestir la camiseta marroquí, esfuerzo que no llegó a materializarse porque el jugador, formado desde niño en las categorías inferiores españolas, optó finalmente por representar a España.
El caso de Yamal se inscribe, en cualquier caso, en una tendencia más amplia dentro de este Mundial, en la que varios futbolistas de doble origen han tomado el camino inverso: el centrocampista Ayoub Bouaddi, nacido en Francia, decidió representar a Marruecos antes del torneo, mientras que Brahim Díaz, que llegó a debutar con la selección española, también terminó vistiendo la camiseta marroquí. Estos casos alimentan, desde la perspectiva marroquí, la idea de que la elección de Yamal no cierra la puerta a una relación afectiva que el propio jugador ha demostrado en distintas ocasiones, ya sea a través de gestos simbólicos en su equipación o de referencias públicas a su familia y a su herencia marroquí.
