Rue20 Español/Rabat
La solicitud de la FFF para anular la tarjeta de Olise, a días de enfrentarse a Marruecos, reabre una vieja pregunta: ¿existen reglas para todos o solo para las grandes potencias del fútbol?
Cuando este jueves Marruecos salte al césped para disputar los cuartos de final del Mundial 2026 ante Francia, lo hará —una vez más— sabiendo que el rival no solo cuenta con un plantel de enorme calidad, sino también con algo mucho más difícil de neutralizar: la capacidad de torcer el reglamento a su favor incluso antes de que suene el pitido inicial.
Según AFP, la Federación Francesa de Fútbol ha presentado ante la FIFA una reclamación formal para retirar la tarjeta amarilla mostrada a Michael Olise en el partido de octavos ante Paraguay. El argumento es conocido y ensayado: la sanción fue «desproporcionada», producto de una supuesta simulación del jugador paraguayo Matías Galarza.
Puede que las imágenes ofrezcan matices. Puede incluso que exista algo de razón en el reclamo. Pero lo verdaderamente revelador no es el contenido de la protesta, sino el momento exacto en que se produce: apenas unos días antes de medirse a la selección marroquí, con la amenaza de una hipotética suspensión pendiendo sobre uno de sus jugadores más determinantes.
No es la primera vez que una federación europea de peso utiliza los mecanismos disciplinarios de la FIFA como una herramienta táctica más, casi tan valiosa como un cambio de sistema o una sustitución en el descanso. Lo llamativo es la naturalidad con la que se asume que este tipo de gestiones prosperarán, como si existiera una vía expedita reservada a quienes tienen el peso institucional, mediático y político para presionar en despachos que deberían ser neutrales.
Marruecos ha demostrado en este Mundial —como en Catar 2022— que puede competir de tú a tú con cualquier selección sobre el terreno de juego. La pregunta incómoda es si puede competir también fuera de él, en ese terreno paralelo de comisiones, recursos y presiones institucionales donde las federaciones históricas del fútbol europeo se mueven con una soltura que sus rivales del sur global rara vez tienen oportunidad de ejercer.
Que la FFF tenga derecho a presentar pruebas y solicitar una revisión es, en sí mismo, legítimo: el reglamento lo contempla. El problema no es el recurso, sino la asimetría estructural que lo rodea. ¿Cuántas federaciones africanas o asiáticas disponen de los mismos equipos legales, la misma influencia mediática o el mismo acceso directo a los despachos de Zúrich para plantear reclamaciones similares con garantías de éxito? La respuesta, incómoda pero honesta, es que muy pocas.
Si la FIFA quiere presentarse ante el mundo como una institución que garantiza la igualdad de condiciones entre todas sus federaciones miembro, no puede permitirse que este tipo de resoluciones se perciban —con razón o sin ella— como un privilegio reservado a las potencias tradicionales del fútbol continental europeo.
Más allá de la anécdota puntual de una tarjeta amarilla, lo que verdaderamente preocupa es la señal que se envía a horas de un cruce de máxima trascendencia histórica para el fútbol marroquí y africano. Si Olise ve finalmente retirada su amonestación, Francia llegará a una eventual semifinal con su plantilla completa, sin ninguna baja por acumulación, mientras que otras selecciones han tenido que asumir las consecuencias de decisiones arbitrales sin recurrir a maniobras similares.
Marruecos debe centrarse en lo que sabe hacer: competir con orgullo, disciplina táctica y la fuerza colectiva que lo ha llevado hasta cuartos de final. Pero el resto del fútbol africano y, en general, todas las federaciones que no cuentan con el mismo peso histórico en la FIFA, tienen motivos de sobra para exigir que las decisiones disciplinarias se apliquen con el mismo rigor, sin importar el escudo que se lleve en el pecho.
El Mundial de 2026 debería recordarse por lo que ocurre dentro del campo. Que se hable tanto de lo que sucede en los despachos antes de un cuarto de final dice mucho, y no precisamente bien, sobre el estado actual del fútbol internacional.
