Dos ciudades marroquíes se cuelan entre las 10 más calurosas del mundo con más de 47 ºC

 

Rue20 Español/Rabat

El Abbas Tahri Joutey Hassani

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El calor no conoce de fronteras, pero este sábado ha decidido asentarse con particular virulencia sobre el territorio marroquí. Mientras el planeta registra una nueva jornada de temperaturas extremas, dos ciudades del Reino han irrumpido con fuerza en el ranking mundial de las localidades más sofocantes, colocando a Marruecos bajo la lupa meteorológica internacional.

Según los datos difundidos este 4 de julio por el portal estadounidense Eldorado Weather, especializado en el seguimiento de registros climáticos a escala planetaria, la localidad de Jemisset (Khemisset) alcanzó los 47,3 °C, lo que le valió el octavo puesto en la clasificación global de temperaturas máximas. A escasos dos escalones, Sidi Slimane se instaló en la décima posición con 47 °C exactos. Dos números que, más allá de su valor estadístico, dibujan el rostro de un verano implacable.

La cima del podio mundial de este sábado correspondió a Turpan, en la región autónoma china de Xinjiang, donde el mercurio trepó hasta los 48,8 °C. Le siguieron con notoria cercanía las ciudades iraníes de Abadán y Bostán, ambas en la provincia de Juzestán, que se repartieron el segundo y tercer escalón. Más abajo, Dehlorán (Ilam, Irán) firmó 48,2 °C en el quinto lugar, mientras que Diéma, en la región de Nioro (Malí), empató térmicamente con Jemisset al registrar igualmente 47,3 °C. El listado de las quince localidades más calurosas completó su geografía con Sotuba (Malí), Al Ahsa (Arabia Saudí), Fahud (Omán), Bordj Badji Mokhtar (Argelia) y las omaníes As Sunaynah y Haima.

Un verano que ya dejó huella

La presencia de dos ciudades marroquíes en este mapa del calor extremo no es, desgraciadamente, un hecho aislado.

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El Reino lleva meses batallando contra una sucesión de olas de calor que han tensado la vida cotidiana, la agricultura y los recursos hídricos. En junio pasado, la Dirección General de Meteorología (DGM) ya había emitido alertas naranja por temperaturas que superaron los 44 °C en amplias zonas del país.

La institución meteorológica marroquí, en su último boletín, prevé que el ambiente sofocante se mantendrá durante este sábado en el sur y el este de las provincias saharianas, el sureste, las llanuras del norte y del centro, así como en las regiones de Saïs, Oualmas y Souss. La tregua, de momento, no llega: la ola de calor se extenderá hasta el domingo, con valores que oscilarán entre los 33 y los 46 °C en provincias como Sidi Slimane, Marrakech, Jemisset, Smara, Tata y Beni Mellal. En otras urbes costeras e interiores —Essaouira, Sidi Bennour, Agadir, Taza y Mequinez—, el termómetro rondará entre los 40 y los 43 °C.

Lo que ocurre en Jemisset y Sidi Slimane este fin de semana es la punta del iceberg de un fenómeno que Marruecos ya no puede abordar con parches temporales. El país, que en 2024 registró el año más caluroso de su historia reciente, ha comenzado a redibujar su estrategia frente al cambio climático.

En las últimas semanas, Rabat ha impulsado una política pública que apuesta por la reutilización de aguas residuales para el riego de espacios verdes y palmerales, una medida que ya se aplica en ciudades como Marrakech y que permite reducir la temperatura ambiental en zonas urbanas sin incrementar la presión sobre los embalses. Paralelamente, arquitectos y urbanistas del país rescatan técnicas constructivas ancestrales —adobe, tapial, cal y diseños de patios interiores— que funcionan como aislantes térmicos naturales, absorbiendo el calor diurno y liberándolo durante las horas nocturnas más frescas.

Estas iniciativas, lejos de ser meras curiosidades culturales, responden a una necesidad económica y energética palpable. Según datos de la Agencia Internacional de la Energía, el aire acondicionado representó ya en 2022 el 7 % del consumo energético global, una cifra destinada a crecer a medida que los veranos se vuelven más implacables. En un país donde la sequía ha azotado con dureza durante siete años consecutivos, cada grado que se evita refrigerar artificialmente cuenta.

Mientras tanto, la realidad del sábado 4 de julio es tozuda. El ranking de Eldorado Weather sitúa a Marruecos compartiendo cartel con naciones que, como Irán, Arabia Saudí o Malí, han hecho del calor extremo una constante estacional. La diferencia radica en que el Reino no es, geográficamente, un desierto en su totalidad: su diversidad climática —que abarca desde el clima mediterráneo del norte hasta el desértico del sur— hace que estas cifras resulten especialmente preocupantes en zonas habitualmente más templadas.

Para los habitantes de Jemisset y Sidi Slimane, así como para los millones de marroquíes que este sábado sienten el asfalto arder bajo sus pies, la pregunta ya no es cuánto durará la ola, sino cuánto tiempo más podrá el país sostener la respiración antes de que el termómetro deje de ser una noticia y se convierta en el nuevo normal.

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