Rue20 Español/Ciudad de México
Moisés Amselem Elbaz*
El Estadio Ciudad de México fue testigo de una noche inolvidable. La Selección Mexicana derrotó 2-0 a Ecuador en los dieciseisavos de final del Mundial 2026, rompiendo una sequía de 40 años sin ganar un partido de eliminación directa en una Copa del Mundo. Los goles de Julián Quiñones (22’) y Raúl Jiménez (31’) en la primera mitad bastaron para desatar la euforia de más de 80 mil aficionados.
Un recibimiento que trasciende fronteras
Pero más allá del marcador, esta edición del Mundial ha dejado una imagen imborrable: la calidez del pueblo mexicano hacia la selección de Marruecos. Desde su llegada al aeropuerto, los jugadores marroquíes fueron recibidos con porras, banderas y abrazos. El sentido de hospitalidad que caracteriza a México se ha fusionado con la tradición de acogida de Marruecos, creando un puente entre dos naciones que comparten el amor por el fútbol y el respeto por el otro.
En las calles de la Ciudad de México, decenas de aficionados marroquíes han sido invitados a comer tacos, a compartir el té y a cantar juntos. “Nos sentimos como en casa”, declaró un seguidor marroquí visiblemente emocionado. “El cariño de la gente es el mismo que damos nosotros en Marruecos”.
¿Por qué no soñar con una final México vs Marruecos?
El ambiente de hermandad ha llevado a muchos a preguntarse: ¿y si el destino nos regala una final entre México y Marruecos? Sería el encuentro perfecto entre dos selecciones que han demostrado garra, talento y, sobre todo, el respaldo incondicional de sus pueblos. Una final así no solo sería un partido de fútbol, sino la celebración de una amistad que nació en las gradas y se consolidó en cada abrazo.
México ya hizo historia al superar la barrera de los octavos. Marruecos, por su parte, ha mostrado un nivel que ilusiona a todo un continente. Si ambos siguen avanzando, el sueño de verlos frente a frente en el último partido del Mundial no parece descabellado.
Lo que viene
El triunfo ante Ecuador devuelve la esperanza a una afición que esperaba este momento desde 1986. Javier Aguirre, al mando del equipo, ha sabido conjuntar juventud y experiencia. Ahora, en octavos de final, México enfrentará un rival aún por definirse, pero la confianza está por las nubes.
Mientras tanto, Marruecos sigue dejando huella dentro y fuera de la cancha. Su selección, liderada por estrellas como Achraf Hakimi y Saibari, ha cautivado a los mexicanos. Dos países unidos por el pueblo, donde la hospitalidad mexicana ha encontrado un espejo en la generosidad marroquí.
¡Felicidades, México! Y que el Mundial siga regalando momentos que nos recuerden que el fútbol, al final, es solo la excusa para encontrarnos.
