Marruecos y China: Diez años construyendo una alianza económica con proyección global

 

Rue20 Español/Rabat

El Abbas Tahri Joutey Hassani

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Hay aniversarios que se celebran con discursos y otros que se miden en contenedores, fábricas y acuerdos firmados. El de la asociación estratégica entre Marruecos y China pertenece a la segunda categoría. Una década después de que el Rey Mohammed VI y el presidente Xi Jinping sellaran este vínculo en Pekín, el comercio bilateral y las inversiones chinas en el Reino han rebasado, cada uno por su lado, la barrera de los 10.000 millones de dólares, un doble umbral que las autoridades de ambos países no dudan en calificar de histórico.

El origen de un vínculo que se aceleró

Todo se remonta al 11 de mayo de 2016, cuando el Soberano marroquí viajó a China invitado por el presidente Xi Jinping. De aquella visita de Estado nació un compromiso basado en tres palabras que desde entonces se repiten en cada balance oficial: respeto mutuo, igualdad y beneficio recíproco.

Diez años después, ese lenguaje diplomático se ha traducido en hechos tangibles, algo que la embajadora china en Rabat, Yu Jinsong, resumió durante una recepción organizada por la legación diplomática para conmemorar la fecha.

Según la diplomática, recogida por varias fuentes, China se ha consolidado como el tercer socio comercial de Marruecos a escala mundial y su principal socio económico en Asia, mientras que las inversiones acumuladas de empresas chinas en el Reino también han cruzado el umbral de los 10.000 millones de dólares. El Reino, por su parte, se ha convertido en el segundo destino mundial de las inversiones chinas en tecnologías verdes, un dato que sitúa a Marruecos en un lugar poco habitual del mapa de la inversión asiática.

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De los intercambios comerciales a la fábrica

El verdadero cambio de fondo no está tanto en el volumen de intercambios como en su naturaleza. Durante años, la relación se apoyó sobre todo en el comercio de bienes; hoy se apoya cada vez más en proyectos industriales instalados en suelo marroquí. La Cité Mohammed VI Tanger Tech es el ejemplo más citado, pero no el único: iniciativas como las de Gotion High-Tech, en el sector de las baterías eléctricas, o Sunrise Textile, siguen de cerca los pasos del jefe de Gobierno, Aziz Akhannouch, quien impulsó ambos proyectos tras el último Foro sobre la Cooperación China-África celebrado en Pekín.

A esos proyectos se suman las energías renovables y la industria automotriz, sectores en los que Rabat busca precisamente escalar posiciones dentro de las cadenas de valor globales. Pekín, por su parte, ha anunciado la eliminación progresiva de aranceles a productos marroquíes, con la promesa de que la práctica totalidad de las categorías de exportación hacia el mercado chino queden exentas de gravamen.

Una diplomacia que se institucionaliza

El plano político tampoco se ha quedado atrás. En noviembre de 2024, durante una escala técnica en Casablanca, Xi Jinping mantuvo un encuentro con el príncipe heredero Moulay El Hassan, un gesto que las cancillerías de ambos países leyeron como una señal de continuidad al más alto nivel. Menos de un año después, en septiembre de 2025, los cancilleres Wang Yi y Nasser Bourita firmaron en Pekín un memorando que crea un mecanismo permanente de diálogo estratégico entre ambos ministerios de Asuntos Exteriores, dando a la relación bilateral un andamiaje institucional del que carecía hasta entonces.

Fouad Yazourh, director general de Relaciones Bilaterales y Asuntos Regionales de la diplomacia marroquí, ha insistido en que esta arquitectura refleja la madurez alcanzada por el vínculo entre los dos países, capaz hoy de sostener una concertación regular sobre asuntos bilaterales, regionales e internacionales, y no solo sobre comercio.

Más allá de las cifras, la relación se ha traducido en gestos que rara vez aparecen en los balances económicos. Este 2025 se cumplió además el cincuentenario del envío de misiones médicas chinas a Marruecos: en cinco décadas, más de dos mil médicos chinos han pasado por zonas rurales del Reino, atendiendo en conjunto a 6,7 millones de pacientes marroquíes, muchas veces lejos de los focos mediáticos.

A ese capítulo sanitario se añaden la exención de visado concedida a los turistas chinos desde 2016, la apertura del Centro Cultural Chino en Rabat, los tres Institutos Confucio repartidos por el país y un intercambio universitario creciente. Ambos gobiernos también recuerdan que la cooperación no ha flaqueado en los momentos difíciles: China aportó apoyo sanitario durante la pandemia de Covid-19 y ayuda tras el terremoto de Al Haouz de 2023, mientras que Marruecos ha respaldado sistemáticamente la posición china sobre Taiwán y su representación en Naciones Unidas.

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Con el balance de la primera década cerrado, ambas partes empiezan a hablar ya de la siguiente. Yazourh subraya que las grandes apuestas marroquíes —modernización industrial, corredores logísticos africanos, gasoducto África-Atlántico— encuentran puntos de encuentro naturales con las iniciativas globales impulsadas por Pekín, entre ellas la Franja y la Ruta. Energías renovables, transición energética, seguridad alimentaria, salud, formación e innovación figuran entre las prioridades que ambos países sitúan en el horizonte de los próximos años.

Para Rabat, esta dinámica alimenta su aspiración a convertirse en plataforma de inversión hacia África. Para Pekín, confirma a Marruecos como uno de sus socios de referencia en el continente y como punto de conexión entre África, Europa y Asia. Diez años después de aquel viaje real a China, la asociación estratégica ha dejado de ser solo una declaración de intenciones para convertirse, cifras en mano, en una de las relaciones bilaterales más dinámicas de Marruecos con una potencia asiática.

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