Marruecos convierte la soberanía alimentaria en pilar de su seguridad nacional

 

Rue20 Español/Rabat

El discurso sobre la soberanía alimentaria en Marruecos ha dejado de ser un mero ejercicio de estilo para convertirse en el eje vertebrador de una nueva narrativa nacional.

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Esta es la principal conclusión que se desprende de la intervención del jefe del Gobierno, Aziz Akhannouch, este martes ante la Cámara de Consejeros, durante la sesión mensual de política general dedicada a la «aproximación gubernamental integrada para alcanzar la soberanía alimentaria».

Lo que en otros tiempos se circunscribía al ámbito de la seguridad de suministros se ha transformado, en la hoja de ruta del Ejecutivo, en un pilar de la soberanía nacional en su sentido más amplio.

Una evolución semántica que no es baladí: implica que la capacidad del Reino para alimentar a su población se equipara ahora a la defensa de sus fronteras o a su independencia energética. Ante un escenario global marcado por la volatilidad de los mercados, el estrés hídrico estructural y la aceleración del cambio climático, Akhannouch defendió una estrategia de Estado que articula tres vectores principales: la transformación agrícola, la gestión extrema del agua y la apuesta por las energías limpias.

El jefe del Gobierno dedicó una parte sustancial de su alocución a hacer balance del Plan Marruecos Verde (PMV), lanzado en 2008 bajo el impulso del Rey Mohammed VI. Más allá de los datos macroeconómicos —un crecimiento anual medio del 4,7 % del PIB agrícola entre 2008 y 2020 y una inversión movilizada de 132.400 millones de dirhams—, Akhannouch puso el acento en la dimensión humana de esta estrategia.

Según sus cifras, el PMV ha permitido crear más de 50 millones de jornadas de trabajo adicionales y alcanzar una tasa de empleo del 75 % en el medio rural. Un total de 989 proyectos de agricultura solidaria han llegado a 730.000 beneficiarios, mejorando los ingresos de los hogares rurales e integrando a los pequeños productores en el circuito económico.

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Este andamiaje, según el jefe del Gobierno, ha demostrado su eficacia en tiempos de crisis. Marruecos ha logrado proteger su mercado nacional de las turbulencias internacionales, alcanzando tasas de cobertura del 100 % en carnes rojas y aves, y de entre el 98 % y el 100 % en frutas, hortalizas y leche. Unos datos que, en palabras de Akhannouch, consolidan la posición del Reino como una potencia agrícola emergente en la región.

Si el PMV fue el motor de la primera revolución, la gestión del agua se perfila como el gran desafío de la próxima década. Consciente de que la lluvia es un aliado cada vez más esquivo, el Ejecutivo ha dado un giro radical hacia los recursos no convencionales. Akhannouch recordó la revisión al alza del Programa Nacional de Abastecimiento de Agua Potable y Riego 2020-2027, cuyo presupuesto se ha elevado de 115.000 a 143.000 millones de dirhams.

El dato más revelador es el salto cuántico en desalación: la capacidad nacional de producción de agua desalada ha pasado de 46 millones de metros cúbicos en 2021 a 415 millones a finales de 2025, y se prevé que alcance los 1.700 millones de metros cúbicos en 2030.

Una infraestructura que no solo garantizará el abastecimiento de agua potable para dos tercios de la población, sino que permitirá regar 147.000 hectáreas de tierras agrícolas, blindando al sector ante las sequías recurrentes.

A este esfuerzo se suman las interconexiones entre cuencas hidrográficas —que ya transfieren 400 millones de metros cúbicos anuales a más de 11 millones de habitantes en el eje Rabat-Casablanca— y la finalización de siete grandes presas que añaden 1.700 millones de metros cúbicos de capacidad de almacenamiento, con otras doce en construcción. La reutilización de aguas residuales tratadas, que alcanza ya los 52 millones de metros cúbicos anuales, completa un ecosistema de gestión hídrica que aspira a ser un referente mundial.

El jefe del Gobierno fue más allá al vincular la soberanía alimentaria con la energética. En su intervención, Akhannouch subrayó que el desarrollo de las renovables es un instrumento clave para reducir la dependencia de los combustibles fósiles y abaratar los costes de producción del sistema agrícola. La cuota de renovables en la capacidad eléctrica instalada ha pasado del 37 % en 2021 al 46 % actual, con el objetivo de alcanzar el 52 % en 2030.

En este contexto, la «Oferta Marruecos» para el hidrógeno verde se presenta como el gran proyecto estratégico de la próxima década. Una iniciativa que, según el jefe del Gobierno, pretende situar al Reino en el centro de las nuevas cadenas de valor mundiales, consolidando su soberanía económica, energética y, por extensión, alimentaria.

La intervención de Akhannouch, más que un cierre de balance, se interpreta como la hoja de ruta de un proceso en marcha. La transición del Plan Marruecos Verde a la estrategia «Generación Verde 2020-2030» marca el relevo generacional de un modelo que, habiendo demostrado su capacidad para garantizar la autosuficiencia, debe ahora demostrar su resiliencia ante un futuro incierto. El Reino ha blindado su presente, pero el verdadero reto, como apuntan los consejeros, no es solo producir más, sino hacerlo de forma sostenible y soberana, en un mundo donde el acceso a los recursos será la principal moneda de cambio geopolítico.

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