Rue20 Español/ Fez
Meryem Ghoua
Cuatro años después de su emotiva irrupción en Qatar, las progenitoras de los jugadores vuelven a ser protagonistas en México, confirmando que la fuerza del equipo trasciende el terreno de juego y se alimenta de los lazos familiares más profundos.
La imagen se ha convertido ya en un clásico del fútbol marroquí. Cuando el pitido final certifica una victoria, los jugadores de los Leones del Atlas no buscan solo a sus compañeros para celebrar. Se dirigen instintivamente hacia las gradas, donde un grupo de mujeres, con los ojos brillantes y los brazos abiertos, espera para abrazar a sus hijos. Son las madres de los internacionales, y su presencia en el Mundial de 2026 confirma que el éxito de esta selección se construye también desde el corazón.
Hace cuatro años, durante la histórica campaña de Qatar 2022, las madres de los jugadores marroquíes se convirtieron en uno de los símbolos más entrañables de aquella gesta. Sus lágrimas de emoción, sus abrazos eternos y su energía desbordante desde las gradas conquistaron al mundo y humanizaron a un equipo que competía al más alto nivel. Cuatro años después, en México 2026, la tradición no solo se mantiene, sino que se ha consolidado como una de las señas de identidad más reconocibles de la selección marroquí.
La noche de Monterrey, tras la agónica clasificación ante Países Bajos en los penales, la estampa se repitió con la misma intensidad que en Qatar. Varios jugadores, entre ellos Achraf Hakimi, Noussair Mazraoui e Ismael Saibari, se dirigieron directamente hacia la zona donde se encontraban sus madres y esposas para compartir el momento más dulce del torneo. El seleccionador Mohamed Ouahbi, fiel a su estilo cercano y humano, también se sumó a los abrazos, en una escena que dio la vuelta al mundo y que fue ampliamente difundida en redes sociales.
Pero la presencia de las madres no se limita a los momentos de celebración. Durante toda la concentración, han sido un pilar fundamental para los jugadores, ofreciéndoles ese apoyo incondicional que solo una madre puede brindar. En las comidas, en los entrenamientos y en los momentos de descanso, su compañía ha sido un recordatorio constante de los orígenes y los valores que han forjado a este grupo de futbolistas.
Los propios jugadores han reconocido en numerosas ocasiones que el apoyo de sus madres es una de las principales fuentes de su fortaleza mental. En un torneo tan exigente como el Mundial, donde la presión puede jugar malas pasadas incluso a los más experimentados, contar con un refugio emocional como el que proporciona la familia se convierte en un activo diferencial.
Las madres no solo están presentes en los partidos; han viajado con el equipo, han compartido los momentos difíciles después de los empates y han celebrado cada paso adelante como si fuera el primero.
La presencia de las madres en el Mundial trasciende lo anecdótico. Es un reflejo de la importancia que la familia tiene en la cultura marroquí, y el fútbol, en su capacidad para unir a las personas, se convierte en el vehículo perfecto para mostrar al mundo esa realidad. Las imágenes de los jugadores abrazando a sus madres, con la bandera marroquí de fondo, han sido utilizadas por medios de todo el mundo para ilustrar la humanidad y la cohesión de una selección que no solo compite, sino que representa a un pueblo entero.
Cuatro años después de que las madres se convirtieran en las protagonistas involuntarias de la epopeya de Qatar, su papel en México 2026 ha confirmado que no fue una moda pasajera, sino una tradición que se ha instalado en el ADN de los Leones del Atlas. Su presencia en cada partido, su energía desde las gradas y sus abrazos al final de cada encuentro son ya parte indisociable de la historia del fútbol marroquí.
Y mientras Marruecos se prepara para el desafío de octavos de final ante Canadá, las madres de los jugadores seguirán allí, como lo han estado siempre, tejiendo desde el silencio y el amor incondicional ese secreto que ningún técnico puede entrenar y ningún rival puede neutralizar. Porque, como bien saben los Leones del Atlas, el éxito no se construye solo con tácticas y goles, sino también con el calor de un abrazo materno que nunca falla.
