Rue20 Español/Rabat
Las autoridades de Níger y Malí han intensificado sus acusaciones contra lo que describen como el papel desestabilizador de “países vecinos” en la crisis de seguridad que sacude al Sahel, en una alusión que, aunque no mencionada explícitamente, apunta a Argelia. Las declaraciones se producen en un contexto de deterioro sostenido de las relaciones diplomáticas y de una escalada de tensiones en la región.
El ministro de Asuntos Exteriores de Malí, Abdoulaye Diop, denunció que ciertos países de la vecindad “albergan, apoyan o facilitan operaciones de grupos terroristas” contra su país. Sus declaraciones, realizadas al margen de un foro sobre seguridad celebrado en Senegal, también incluyeron referencias a la implicación de potencias extrarregionales en el conflicto, lo que, según Bamako, agrava aún más la inestabilidad.
Aunque Argelia no fue mencionada de forma directa, las reiteradas quejas de Malí y Níger contra su vecino del norte han ido configurando un señalamiento cada vez más claro. Ambos países consideran que territorio argelino sirve de retaguardia para grupos armados activos en el norte de Malí, una región que desde hace más de una década permanece sumida en la violencia y donde los esfuerzos por restablecer la estabilidad han resultado insuficientes.
El deterioro de las relaciones entre Bamako y Argel se remonta a 2023, cuando ambos países llamaron a consultas a sus respectivos embajadores. La ruptura se profundizó en enero de 2024 con la decisión de Malí de poner fin al Acuerdo de Argel de 2015, que durante años fue presentado como un pilar para la paz en el país.
La crisis alcanzó un nuevo punto crítico en abril de 2025, cuando un dron maliense fue derribado por el ejército argelino en lo que Bamako sostiene que era su propio territorio. El incidente fue calificado por Malí como una “agresión” y motivó el anuncio de un posible recurso ante la Corte Internacional de Justicia.
A estas tensiones se suma la presencia en Argelia del influyente imán Mahmud Dicko, figura destacada de la oposición maliense, lo que ha sido interpretado por las autoridades de Bamako como un elemento adicional de fricción política.
Las divergencias entre ambos países trascendieron el plano bilateral y llegaron a la Asamblea General de la ONU, donde el primer ministro maliense, Abdoulaye Maïga, acusó abiertamente a Argelia de mantener vínculos con grupos armados en zonas fronterizas y de respaldar el terrorismo internacional.
En la misma línea, el ministro de Exteriores de Níger, Bakary Yaou Sangaré, denunció que algunos países que afirman cooperar en la lucha contra el terrorismo estarían, en realidad, contribuyendo a financiarlo y sostenerlo.
El contexto regional sigue marcado por la persistencia de ataques de grupos yihadistas que afectan a Malí, Níger y Burkina Faso desde hace más de diez años. La frustración ante la falta de resultados tangibles en la lucha antiterrorista ha llevado a estos países a redefinir sus alianzas.
En este marco, los tres Estados condenaron conjuntamente la destrucción del dron maliense y reforzaron su coordinación política y militar. La decisión de abandonar la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO) y constituir la Alianza de Estados del Sahel (AES) refleja un giro estratégico que busca consolidar un frente común frente a las amenazas de seguridad y redefinir el equilibrio geopolítico en la región.
La evolución de estas tensiones plantea interrogantes sobre el futuro de la cooperación regional y los mecanismos internacionales de estabilización en el Sahel, una de las zonas más volátiles del mundo en materia de seguridad.
