De la cooperación económica al partenariado estratégico: La evolución Marruecos-UE

 

Rue20 Español/Rabat

La asociación entre Marruecos y la Unión Europea continúa afianzándose treinta años después de la firma del Acuerdo de Asociación, en un momento marcado por profundas transformaciones geopolíticas.

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Así lo destaca un estudio reciente del European Policy Centre (EPC), que analiza la evolución de una relación que ha pasado de centrarse en lo económico a abarcar dimensiones estratégicas de primer orden.

El informe se apoya en las conclusiones de la 15ª reunión del Consejo de Asociación UE-Marruecos, celebrada el 29 de enero de 2026, que puso de manifiesto la solidez del vínculo bilateral y, al mismo tiempo, las tensiones externas que influyen en su orientación actual. El encuentro confirmó que la cooperación entre Rabat y Bruselas se ha convertido en un instrumento clave para afrontar desafíos compartidos.

Con el paso de los años, la agenda común se ha ampliado notablemente. A los intercambios comerciales y al apoyo al desarrollo se han sumado prioridades como la seguridad, la gestión de los flujos migratorios, la lucha contra el terrorismo, la transición energética y la estabilidad regional, ámbitos que hoy ocupan un lugar central en el diálogo político.

El EPC sitúa esta evolución en un contexto global caracterizado por conflictos e incertidumbres crecientes. En esa línea, el ministro marroquí de Asuntos Exteriores, Nasser Bourita, ha subrayado que el mundo atraviesa una etapa de tensiones que obliga a replantear las asociaciones internacionales sobre bases más realistas y operativas, un enfoque que se refleja en la relación con la UE.

En el ámbito migratorio, Marruecos es considerado por Bruselas un socio de primer orden. La cooperación en esta materia se integra en iniciativas más amplias, como el Pacto para el Mediterráneo y el programa europeo “Global Gateway”, orientado a promover infraestructuras, desarrollo humano y una gestión coordinada de la movilidad, en un contexto de competencia estratégica internacional.

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El estudio también apunta a los desequilibrios existentes en la relación. La Unión Europea mantiene una posición predominante como principal socio comercial y mayor proveedor de ayuda financiera, mientras que Marruecos aporta un valor estratégico vinculado a su ubicación geográfica, su papel en la seguridad regional y su implicación en el control de las rutas migratorias hacia Europa.

La seguridad regional figuró igualmente entre los temas prioritarios, con especial atención al Sahel. El refuerzo de la coordinación en esta zona refleja la convicción creciente en las instituciones europeas de que la estabilidad regional y la gestión migratoria están estrechamente interrelacionadas.

En el plano diplomático, Rabat y Bruselas mostraron coincidencias en cuestiones internacionales sensibles. Ambas partes reiteraron su respaldo a una solución de dos Estados para el conflicto palestino-israelí y destacaron la labor del Comité Al-Qods, presidido por SM el Rey Mohammed VI. En relación con la guerra en Ucrania, coincidieron en la defensa de la soberanía y la integridad territorial de los Estados.

El análisis del EPC concluye que Marruecos se consolida como un actor clave en la cooperación euromediterránea, capaz de combinar la defensa de sus intereses con una contribución activa a la seguridad y al diálogo regional. Para la Unión Europea, la asociación con el Reino se perfila como un elemento indispensable para avanzar hacia un Mediterráneo más estable, seguro y próspero.

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