Terrorismo neonazi en Castellón: “El impacto que nadie quiere mirar”  

 

Rue20 Español/Madrid

Abdelhamid Beyuki*

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La desarticulación en España (Castellón) de la primera célula terrorista vinculada a The Base (una organización terrorista neonazi y supremacista blanca de origen estadounidense, clandestina, estructurada en pequeñas células y de ideología “aceleracionista”, que promueve el colapso violento de las democracias para desencadenar una “guerra racial”) ha sido una de las noticias más destacadas por los principales medios nacionales. No solo por la gravedad del caso —arsenal, entrenamiento paramilitar y motivación supremacista—, sino porque revela un riesgo que durante años se había minimizado. La presencia organizada, clandestina y violenta de extremismo de ultraderecha en territorio español.

Aunque la operación policial ha sido recibida como un éxito rotundo de seguridad, el caso abre interrogantes sobre el clima social, la radicalización y las posibles consecuencias para un colectivo que suele convertirse en blanco recurrente de discursos de odio, me refiero a los inmigrantes, especialmente los musulmanes, en su mayoría de origen marroquí.

Los grupos supremacistas como The Base no surgen de la nada. Su ideología —abiertamente racista, antisemita y anti musulmana— se alimenta de un clima político donde ciertos mensajes sobre inmigración, seguridad o identidad nacional han ganado presencia en la esfera pública.

El temor es claro, cada vez que una célula neonazi es detectada, el riesgo inmediato es la violencia directa; pero el efecto colateral es más sutil y más profundo. Este tipo de sucesos pueden ser utilizados por sectores extremistas para justificar discursos de sospecha hacia colectivos concretos, reforzar la idea de un conflicto identitario y alimentar la narrativa del “enemigo interno”.

Cuando se descubren grupos violentos de ultraderecha, paradójicamente, el debate público termina a menudo girando hacia la inmigración, la seguridad y la comunidad musulmana, aunque estos no tengan ninguna relación con el terrorismo desarticulado.

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El resultado es un riesgo de mayor estigmatización, reforzando prejuicios existentes, como asociar inmigración con inseguridad, o cuestionar la integración de los marroquíes, en este aspecto conviene subrayar que recientemente José María Aznar —expresidente del Gobierno español— ha declarado que la “inmigración musulmana” constituye “un problema serio”, porque, en su visión, a diferencia de la inmigración hispanoamericana – cristiana en su mayoría – , “no quiere integrarse en la sociedad en la que vive” sino que —dijo— busca que la sociedad acepte sus propias leyes, y peor aún es presentar a los musulmanes como un colectivo problemático.

El caso de Castellón recuerda que los objetivos de estas células suelen ser precisamente los mismos, personas racializadas, musulmanas o migrantes.

La aparición de organizaciones con ideología supremacista puede provocar miedo real y retraimiento social en familias inmigrantes, especialmente en zonas donde ya han sufrido amenazas o agresiones de corte racista – Ejido, Torre pacheco…-.

Aunque las fuerzas de seguridad han actuado eficazmente contra una célula neonazi, este tipo de acontecimientos pueden derivar en un incremento generalizado de vigilancia hacia comunidades ya estigmatizadas por razones culturales o religiosas.

El riesgo es que el foco acabe desviándose hacia quienes son víctimas potenciales, en lugar de concentrarse en los grupos violentos.

La operación demuestra eficacia policial, pero el problema es más amplio, se plantea seriamente como evitar que la ultraderecha pase de la propaganda a la acción, como impedir que cale la idea de un conflicto étnico o religioso en la sociedad, y frenar la tentación de usar a los inmigrantes como arma política.

España ha demostrado una notable capacidad de convivencia e integración. Mantenerla exige una respuesta firme contra el extremismo y un discurso público que proteja a las comunidades más vulnerables.

El desmantelamiento de la célula de The Base es una buena noticia para la seguridad democrática del país.

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Pero también es un aviso a navegantes, los grupos supremacistas no solo amenazan a quienes son sus objetivos directos, sino a la cohesión social en su conjunto. El mayor riesgo ahora es que el caso se traduzca en más miedo, más estigmatización o más división hacia quienes nada tienen que ver con la violencia; los inmigrantes, especialmente los musulmanes y marroquíes que forman parte del tejido social español.

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Abdelhamid Beyuki

*Experto en las relaciones hispano-marroquíes

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