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En sus nuevas memorias, Reconciliación, Juan Carlos I abre el cofre de sus secretos más profundos sobre uno de los periodos más delicados de la historia de las relaciones entre Marruecos y España: 1975, el momento del fin de la colonización española del Sáhara marroquí y el inicio de la transformación estratégica en la región.
Entre las páginas del libro, la narración personal del rey emérito se cruza con testimonios políticos que revelan muchas verdades ocultas en la narrativa tradicional española, especialmente en lo que respecta al papel de Marruecos y la sabiduría del difunto rey Hassan II.
Juan Carlos se presenta en las memorias como el ingeniero de la «salida organizada» del Sáhara marroquí, aprovechando su fugaz viaje a El Aaiún en noviembre de 1975, en un momento en que Franco se estaba muriendo y el país estaba sin liderazgo, para demostrar que era el hombre capaz de controlar la brújula del ejército y asegurar la transición del poder.
En las memorias, el rey Hassan II aparece como un líder inteligente, decisivo y confiado en sus capacidades diplomáticas y militares. Juan Carlos reconoce que su relación con Hassan II no fue solo una relación entre dos reyes, sino una amistad personal que llegó a describirlo como «hermano».
Entre las llamativas confesiones, la confirmación del rey Hassan II a su homólogo español de que el expediente de Ceuta y Melilla permanecería «rehén de la próxima generación».
Con espíritu alegre, Juan Carlos relata un divertido incidente durante una visita oficial a Marruecos cuando Hassan II le presentó un plato de «ojos de pescado» de lujo, un plato marroquí que simboliza la hospitalidad. El rey español dice que se lo tragó «como si fuera una aspirina».
Una historia sencilla, pero que refleja la profundidad de la relación humana entre los dos hombres y el gran respeto que el rey de España sentía por el difunto rey.
Juan Carlos recuerda una frase de oro atribuida a Hassan II: Es más fácil rechazar una petición mientras caminas que rechazarla sentado detrás de un escritorio.
Esta frase, llena de un alto sentido diplomático, resume mucho la forma en que Hassan II gestionó los complejos expedientes con Madrid, y revela por qué las crisis a menudo se resolvían entre las dos capitales a través de una llamada directa entre los dos reyes.
Se presenta a sí mismo como el hombre que evitó la catástrofe, cuando dijo a los soldados españoles en El Aaiún: «Nos retiraremos del Sáhara con dignidad… porque el ejército español no dispara contra los civiles».
Según las memorias, tan pronto como regresó a Madrid, recibió una llamada del Rey Hassan II felicitándolo por su presencia entre los soldados en ese momento crítico, y describe esa llamada como el comienzo de una gran amistad.
Juan Carlos relata el primer encuentro que tuvo con el rey Mohammed VI cuando era príncipe heredero de doce años, acompañando a su padre en la ceremonia de su entronización como rey de España. Lo describe como: «tranquilo, educado y rodeado de generales y jefes de estado».
Explica que su posterior encuentro con la familia real en 1979 le hizo darse cuenta de que Marruecos es un país donde la política se hace dentro de una escuela real con una visión profunda.
