18.7 C
Rabat
jueves, junio 4, 2026

El Sáhara marroquí y las verdades que la izquierda radical española prefiere ignorar

 

Rue20 Español/Fez

Como todos los medios españoles que conmemoraron la retirada de su país del Sáhara marroquí, el programa La Base también dedicó un episodio criticando a Marruecos como supuesto país colonizador y a España, que traicionó a los saharauis.

- Anuncio -

En este artículo no vamos a desmontar todo lo que dijo Pablo Iglesias y su escuadra izquierdista radical, pero sí vamos a arrojar luz sobre el punto histórico en el que se basaron, ocultando realidades para adaptar el tema a su narrativa anti-marroquí y anti-gobierno ibérico, el mismo que apoyó la marroquinidad del Sáhara en 2022. Un gobierno en el que el propio Pablo Iglesias fue vicepresidente antes de dimitir tras perder las elecciones de la Comunidad de Madrid ante la candidata popular, Isabel Díaz Ayuso.

Pablo Iglesias, quien aparentemente todavía no ha olvidado el tirón de orejas de La Moncloa tras apoyar públicamente al movimiento separatista del Polisario a través de un tuit en noviembre de 2020, vuelve a abordar este tema, pero con mentiras o, mejor dicho, con ocultación de las realidades históricas.

El programa del exsecretario general de Unidas Podemos, al hablar de la historia de este conflicto artificial, mencionó únicamente dos acontecimientos: la Conferencia de Berlín (1884-1885), en la que las potencias imperialistas se repartieron las colonias, y la Marcha Verde (1975), con la que el difunto rey Hassan II unificó al Reino. Esto tiene un solo significado: hablaron únicamente de lo ocurrido entre esas dos fechas, que simbolizan la entrada y la salida de España de su llamada “provincia número 53”.

Empecemos con el primer acontecimiento. La pregunta aquí es: ¿quién era el propietario de aquellas tierras antes de la Conferencia de Bismarquiana? ¿Por qué evitaron remontarse a las raíces y reconocer que el territorio formaba parte del Imperio jerifiano, el cual, junto con el Imperio otomano, eran las únicas potencias que gobernaban el norte de África antes de la injerencia colonial del siglo XIX?

- Anuncio -

El programa aplicó un marco político e histórico inaplicable a un contexto totalmente distinto del europeo o del contemporáneo. Y ese es un gran error, porque el régimen marroquí precolonial se extendía desde Fez y Marrakech hasta las regiones saharianas mediante vínculos religiosos y tribales. No era un Estado moderno, pero sí un poder legítimo, reconocido por las comunidades que le rendían pleitesía.

El Marruecos del siglo XIX no era un Estado-nación al estilo europeo. No había parlamento, partidos ni representación política como los que surgieron tras la Revolución Francesa. Marruecos conservaba una estructura propia, heredera del mundo islámico medieval, donde el poder del sultán se basaba en la autoridad religiosa y en un sistema de lealtades tribales más que en fronteras administrativas precisas.

Existía, sin duda, una autoridad central en ciudades como Fez o Marrakech, pero amplias regiones del país se organizaban según estructuras tribales que reconocían al sultán como líder y protector de la religión en el mundo islámico occidental. Este reconocimiento —la bay‘a— no dependía de la presencia de tropas o funcionarios, sino de un vínculo religioso y político que unía a las comunidades con el trono alauita. Así funcionaba también el Sáhara; un territorio fiel al sultán, que no necesitaba de un “gobernador” al estilo europeo para expresar su pertenencia a Marruecos.

Aplicar al siglo XIX los criterios del Estado moderno occidental es, por tanto, un anacronismo. Si siguiéramos la lógica de quienes interpretan la historia desde la óptica del postcolonialismo más rígido, Marruecos no tendría siquiera derecho a reclamar el Rif ni las regiones del medio Atlas o Gran Atlas, que también estaban regidas por estructuras tribales y no por una administración centralizada. Sin embargo, nadie pone hoy en duda que esas regiones forman parte indiscutible del Reino.

La ciudad de Es-Smara, por ejemplo, fue fundada a comienzos del siglo XX por el cheikh Ma al-Aynayn, un gran líder religioso saharaui nombrado jalifa por el sultán Moulay Abdelaziz. No era un caíd administrativo al estilo europeo, sino un representante político y espiritual del sultán en el Sáhara.

Lo que muchos ignoran es que la propia Es-Smara fue construida con recursos provenientes del Palacio Real en Fez, con el objetivo de fundar una ciudad santa, religiosa y administrativa en la zona. En la práctica, Ma al-Aynayn ejercía una autoridad que combinaba lo espiritual, lo político y lo militar. Defendía los intereses del sultán, pero también actuaba con gran autonomía, sobre todo cuando lideró la resistencia contra la expansión francesa y, posteriormente, contra la ocupación española.

Después de su muerte en 1910, su hijo El Hiba heredó su liderazgo, extendiéndolo a lo que hoy llamamos los territorios fuera del conflicto, unificando a las tribus saharauis y bereberes del Souss bajo una misma bandera para expulsar al colonizador francés (Batalla de Bou‘Otmane).

Para cerrar este punto, la soberanía marroquí antes del Estado moderno se definía de otra manera: a través de la fe, la lealtad y la identidad compartida. Negar esa forma de soberanía equivale a juzgar la historia con categorías ajenas a su tiempo, y eso no solo es injusto, sino intelectualmente incoherente. Marruecos fue, y sigue siendo, una civilización con una continuidad política única en el Magreb. Su estructura tradicional no le resta legitimidad, sino que explica la profundidad de su vínculo histórico con todos sus territorios, incluido el Sáhara.

- Anuncio -

Pasando ahora al segundo punto, el de la Marcha Verde. Cuando La Base habló de la fundación del Frente Polisario, se limitó a mencionar al actual líder separatista Brahim Ghali, omitiendo al verdadero orquestador del movimiento, El Wali Mustafa Sayed, quien era marroquí.

Evitaron mencionarlo porque su padre fue miembro del Ejército de Liberación de Marruecos, estudió en universidades marroquíes, fue becado por el Estado, trabajó en Marruecos y comenzó su vida política bajo la influencia del resistente izquierdista y entonces antimonarquista El Fqih El Basri. Según varios testimonios, fue este último quien facilitó el apoyo de Libia de Muammar El Gadafi y la Argelia de Houari Boumediene a la cuestión de El Wali Mustafa.

En definitiva, es legítimo adoptar una postura y defender una causa según las propias convicciones, pero es igualmente importante relatar toda la verdad. Seleccionar hechos y ocultar información que altera la imagen de una realidad histórica no es periodismo: es manipulación ideológica.

Mira nuestro otro contenido

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Anuncio

VIDEOS

Entradas populares

CONTINÚA LEYENDO