España rompe el guion de Argelia en el expediente del Sáhara marroquí

 

Rue20 Español/Rabat

El presidente argelino, Abdelmadjid Tebboune, ha protagonizado un giro táctico de calado durante la primera visita del jefe del Gobierno español, Pedro Sánchez, a Argelia en más de seis años. En la declaración conjunta posterior al encuentro, Tebboune evitó por completo cualquier mención al supuesto «derecho de autodeterminación» del Sáhara o a la presunta «independencia», dos conceptos que durante décadas han constituido los pilares del discurso oficial argelino sobre esta cuestión.

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Una omisión que no ha pasado inadvertida en los círculos diplomáticos y que los analistas interpretan como un reconocimiento tácito del creciente aislamiento de la tesis argelina frente al empuje de la iniciativa marroquí de autonomía.

El presidente argelino se limitó a señalar que el encuentro abordó diversos asuntos regionales e internacionales, entre ellos el Sáhara, la situación en el Sahel y la crisis en Libia, y que ambas partes acordaron continuar la coordinación y respaldar los esfuerzos de las Naciones Unidas para encontrar soluciones pacíficas conforme al derecho internacional.

Tebboune centró el grueso de su intervención en la cooperación bilateral —energía, energías renovables, inversión, comercio, seguridad y migración— y anunció la preparación de la octava Reunión de Alto Nivel, prevista para octubre. Sánchez, por su parte, calificó el encuentro como el «punto de partida de una nueva etapa» en todos los ámbitos de la relación, sin hacer referencia a la cuestión del Sáhara marroquí.

Esta moderación discursiva contrasta radicalmente con la reacción que Argelia desató en 2022, cuando Sánchez respaldó la propuesta marroquí de autonomía como la base «más seria, realista y creíble» para resolver el contencioso. Aquel giro, comunicado mediante una carta a SM el Rey Mohamed VI, provocó la llamada a consultas del embajador argelino en Madrid, la suspensión del Tratado de Amistad, Buena Vecindad y Cooperación de 2002 y el desplome de las exportaciones españolas a Argelia, que costó a las empresas españolas más de 3.200 millones de euros.

Sin embargo, el deshielo comenzó a finales de 2023 con el envío de un nuevo embajador argelino a Madrid. El paso definitivo se produjo en marzo de 2026, cuando el ministro español de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, viajó a Argel y recibió la confirmación de que el Tratado de Amistad estaba «plenamente vigente».

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Lo significativo del encuentro de este 20 de julio no es lo que Tebboune dijo, sino lo que omitió. Sin embargo, en presencia de Sánchez y ante los medios de comunicación, el presidente argelino no formuló crítica alguna a la posición española —la misma que desencadenó la crisis de 2022— ni mencionó la supuesta “independencia” como horizonte deseable.

Este cambio de tono se produce en un momento en el que la iniciativa marroquí de autonomía acumula un respaldo internacional sin precedentes. La Resolución 2797 del Consejo de Seguridad de la ONU (2025) reconoció por primera vez la propuesta marroquí como una base «seria y creíble» para avanzar. Estados Unidos, las principales potencias europeas, Canadá y numerosos países africanos y latinoamericanos han alineado su discurso con la tesis de que la autonomía bajo soberanía marroquí representa la vía más viable.

El Reino de Marruecos, bajo el liderazgo de Su Majestad el Rey Mohammed VI, mantiene su posición inquebrantable: el Sáhara es marroquí y la iniciativa de autonomía es la única solución realista y creíble para cerrar definitivamente este contencioso. El creciente aislamiento de la tesis argelina —que durante décadas ha apostado por una independencia inviable— y la progresiva normalización de relaciones entre Argel y Madrid demuestran que la comunidad internacional se inclina cada vez más por la propuesta marroquí.

La omisión de Tebboune de los términos «autodeterminación» e «independencia» no es un accidente ni un descuido. Es el reflejo de una realidad geopolítica que se impone: el dogmatismo argelino cede paso al pragmatismo, y la soberanía marroquí sobre el Sáhara se consolida como la base indiscutible para la estabilidad y el desarrollo de toda la región del Magreb.

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