Rue20 Español/Málaga
Entrevistado por Ismail El Khouaja
La reciente resolución 2797 del Consejo de Seguridad de la ONU, que reafirma la marroquinidad del Sáhara, ha reconfigurado la percepción internacional sobre uno de los conflictos más prolongados del norte de África.
En este contexto, Rue20 Español conversó con Andrés Ordóñez*, exembajador de México en Marruecos y actual vicepresidente del Observatorio Mexicano del Sáhara Marroquí, para analizar el significado de esta decisión y el papel que ha jugado la diplomacia marroquí en consolidar su posición histórica sobre el territorio.
Ordóñez ofrece una lectura crítica de la historia diplomática y jurídica del Sáhara marroquí, subrayando cómo las interpretaciones de la Corte Internacional de Justicia de 1975 se vieron influidas por las perspectivas coloniales de la época.
Más allá de los aspectos jurídicos y políticos, Ordóñez destaca la necesidad de un conocimiento recíproco entre México y Marruecos, tanto a nivel cultural como institucional, como clave para impulsar una cooperación integral. Desde su experiencia en la diplomacia y la academia, señala que la apertura a la modernidad de ambos países y el entendimiento de sus respectivas raíces históricas pueden convertirse en detonantes de un vínculo más sólido, que trascienda la política y fortalezca los lazos económicos, culturales y estratégicos en un mundo marcado por profundos cambios geopolíticos.
—Seguramente usted siguió la resolución 2797 del Consejo de Seguridad de la ONU que consagra la marroquinidad del Sáhara, ¿Cómo describe el significado de la resolución y cómo refleja el trabajo de la diplomacia marroquí?
La resolución es un acto de justicia histórica y cultural. Desde mi punto de vista, el dictamen de la Corte Internacional de Justicia emitido el 16 de octubre de 1975 sobre el tema, resulta altamente cuestionable desde la perspectiva contemporánea afín a la diversidad cultural. La justificación pretendidamente descolonizadora, que entonces animó el fallo, paradójicamente asumió la visión histórica que sobre la región construyeron las propias potencias colonialistas. Me explico. Al ignorar la relevancia de las particularidades político-culturales de la región en disputa, la Corte imprimió un sesgo contrario al espíritu descolonizador que pretendía, pues soslayó que, a lo largo de la historia, el ejercicio de la soberanía se había realizado de manera distinta al norte y al sur del Mediterráneo. En tanto que al norte había primado la noción del control territorial, al sur, hasta el dominio colonial europeo, primó el valor político de la pleitecía [Be’ya] en virtud del carácter nómada de las poblaciones. Lo que en la tradición occidental es el acto de depositar la soberanía en el soberano, en la tradición árabe es la Be’ya.
El conflicto del Sáhara es en su origen un producto de la Guerra Fría. Es evidente que la arquitectura del orden mundial está en una fase de transición precisamente porque había sido producto de la confrontación bipolar. En consecuencia, es natural que el conflicto del Sáhara se reencauce. La diplomacia marroquí ha jugado con brillantez y eficacia sus cartas en la coyuntura de transición del siglo XX al XXI y hoy cosecha sus frutos. No tengo duda que sin la claridad y continuidad del proyecto de Estado que conduce desde su ascensión al trono Su Majestad el Rey, esto no hubiese sido posible. El Servicio Exterior de su Majestad Mohammed VI merece respeto y reconocimiento.
—En su último artículo, usted afirmó que México se enfrenta hoy a la necesidad urgente de revisar una posición diplomática anclada en inercias ideológicas del pasado en lo que al Sáhara marroquí se refiere. ¿Cree que esta resolución puede empujar a México a seguir los pasos de las potencias mundiales y reconocer la marroquinidad del Sáhara?
No tengo duda que la resolución 2797 del CSONU es un punto de inflexión. En mi libro México, Marruecos y el Sáhara occidental, publicado por la Universidad Nacional Autónoma de México (accesible en formato digital de manera gratuita en el vínculo https://udir.humanidades.unam.mx/docs/2022/11/mexico_marruecos_sahara.pdf), explico las razones estratégicas de México para otorgar el reconocimiento a la RASD en 1979 y también expongo por qué hoy en día mantener intocada esa posición resulta contraria al interés nacional mexicano. Mis detractores al interior del aparato diplomático mexicano se han escudado siempre en una interpretación parcial de la normatividad onusiana. La resolución 2797 los deja en descampado. Nuestro mensaje ha permeado. Cada vez son más y más jóvenes quienes en las diversas instancias de la diplomacia, la academia, en los tres poderes del gobierno mexicano y en el sector empresarial entienden por qué actualizar la posición sobre el tema y fortalecer los vínculos con Marruecos favorecen el interés nacional. Tal vez no a la velocidad que nos gustaría, pero el matiz de la posición mexicana es inevitable.
—Usted es hoy vicepresidente del Observatorio Mexicano del Sáhara Marroquí. ¿Qué rol puede desempeñar hoy esta institución al respecto?
Somos un grupo de ciudadanos mexicanos convencidos de que, en la coyuntura de transformación mundial contemporánea, el interés de México tiene en África una ventana de oportunidad histórica y que, así como España ha sido nuestro punto de apoyo para abordar la Unión Europea, Marruecos lo puede ser para abordar África y, además, reforzar nuestra presencia en Europa y el Medio Oriente. El problema fundamental que enfrentamos es el desconocimiento recíproco.

A la ausencia de una verdadera política exterior de México hacia el África se suma, en lo que respecta a Marruecos, otro problema mayúsculo: nuestro desconocimiento recíproco. El desconocimiento de Marruecos en México sólo es comparable al de México en Marruecos. Los mexicanos no hemos advertido la raíz magrebí de nuestra identidad, ni los marroquíes las huellas mesoamericanas en ellos. Por su parte los marroquíes tienen razón al afirmar que sus raíces son africanas y sus frondas europeas, pero no han advertido que esas raíces africanas se trasplantaron a Mesoamérica (que hoy es México) en el siglo XVI y que desde entonces sus frondas también dan sombra al otro lado del Atlántico. Mexicanos y marroquíes tenemos una percepción estereotipada uno del otro. Por eso, cuando nos visitamos, ambos nos sorprendemos de nuestra respectiva modernidad y de lo parecidos que somos cultural e idiosincráticamente. La apuesta del Observatorio Mexicano del Sáhara Marroquí parte de la base de propiciar el conocimiento recíproco como detonador de la relación bilateral con todas sus implicaciones.
—México es sin duda un gran país con mucha historia, sin embargo su presencia en África y el mundo árabe deja mucho que desear. ¿Cree que una cooperación estratégica con Marruecos, gracias a su posición geográfica y las infraestructuras portuarias tanto atlánticas como mediterráneas que posee, puede abrirle la puerta a México hacia todo este mundo?
Absolutamente sí y, como le decía, la clave para detonar el gran potencial de la relación bilateral es el conocimiento recíproco. Los mexicanos debemos entender por qué la cuestión del Sáhara es determinante para la viabilidad política del Reino y los marroquíes deben comprender por qué a los mexicanos -que tenemos una relación fabulosamente multi temática y tremendamente compleja con Estados Unidos- nos es difícil asumir que un solo tema pueda determinar de manera definitiva una relación bilateral.
—Su Majestad el Rey Mohamed VI dijo que Marruecos mira al mundo con las gafas del Sáhara, y el difunto rey Hassan II dijo que no hay que insultar al futuro, como Exembajador de México en Rabat, ¿cómo ve el futuro de las relaciones entre los dos países en medio de estos cambios geopolíticos que conoce el mundo?
Yo veo el futuro con enorme optimismo. La lucha ha sido ardua y muy larga, pero el desarrollo de los acontecimientos en África y en América ofrecen viento a favor a la aproximación constante y fructífera entre México y Marruecos. Las ortodoxias ideológicas de la Guerra Fría están muriendo de muerte natural junto con sus protagonistas. La transformación del mapa político en América Latina es elocuente. Así las cosas no podemos sino concluir que hemos dejado de nadar contracorriente de la historia y eso debe ser motivo de alegría y esperanza.
*Andrés Ordóñez es diplomático de carrera, investigador y académico mexicano. Fue embajador de México en Marruecos y desempeñó cargos clave en la Secretaría de Relaciones Exteriores, incluyendo director general de Asuntos Culturales y jefe de misión adjunto en las embajadas de México en Israel, Cuba y Francia. Ha sido catedrático e investigador visitante en universidades de Brasil, España, Alemania y Cuba. Actualmente es vicepresidente del Observatorio Mexicano del Sáhara Marroquí y forma parte de la Unidad de Investigación sobre Representaciones Culturales y Sociales de la UNAM. Autor de varios libros sobre diplomacia, cultura e historia internacional, entre ellos México y el Sáhara Occidental: de la Guerra Fría al siglo XXI (UNAM, 2019…).
