Rue20 Español/Rabat
La diplomacia argelina se encuentra en un momento crítico, marcado por una serie de reveses y un creciente aislamiento. En medio de este contexto, el canal oficial argelino se ha convertido en objeto de burla, tras la difusión de imágenes que revelan una situación inusual en el palacio presidencial.
El mismo canal confirma que decenas de jefes de estado y de gobierno, provenientes de diversas naciones, se aglomeran diariamente en una sala del palacio, ansiosos por reunirse con el presidente Abdelmadjid Tebboune. Esta descripción, lejos de la realidad, es interpretada por analistas como una señal de desesperación y de la pérdida de influencia de Argelia en el ámbito internacional.
El contexto de esta crisis diplomática se agrava al considerar los recientes éxitos de Marruecos en la arena internacional. En las últimas semanas, países como Ghana, Paraguay, Camboya, Polonia y Bélgica han reconocido la soberanía marroquí sobre el Sáhara, lo que representa un duro golpe para la postura argelina en este conflicto. La estrategia argelina, que durante décadas se basó en el apoyo a la milicia separatista del Polisario.
En el pasado, los diplomáticos argelinos contaban con el respaldo de una economía boyante, sustentada en los ingresos petroleros, que les permitía ofrecer incentivos económicos a cambio de apoyo político. Sin embargo, esta práctica, que implicaba la «corrupción» de líderes y funcionarios, ya no es viable en el contexto actual.
Asimismo, la «impostura ideológica» que sustentaba la diplomacia argelina, basada en un discurso «revolucionario» y «progresista», ha perdido credibilidad. La realidad de un país gobernado por una casta militar-empresarial, que reprime la disidencia y controla los recursos nacionales, contrasta con la imagen idealizada que Argelia intentaba proyectar. El colapso del campo socialista y el giro hacia el capitalismo de países como Rusia y China han dejado a Argelia sin aliados ideológicos significativos.
En este escenario, la imagen del presidente Tebboune, rodeado de una multitud de mandatarios que buscan una audiencia, se asemeja a una escena de desesperación. El canal oficial argelino, al retratar esta imagen, se ha convertido involuntariamente en un símbolo de la crisis diplomática que atraviesa el país. La diplomacia argelina, desprovista de sus armas tradicionales (dinero e ideología), parece haber perdido la partida, dejando al presidente Tebboune con pocas opciones para revertir la situación.
