Rue20 Español/ Santiago
Meryem Ghoua
El Estadio Nacional de Santiago vive una noche que ningún chileno ni marroquí olvidará jamás. En la final del Mundial Sub-20, las gradas se tiñeron de rojo y verde, los colores de un país que soñó despierto y que empujó a sus jóvenes héroes hacia la gloria.

Marruecos no juega solo: juega con miles de voces que rugieron como un solo corazón. Desde horas antes del inicio, los alrededores del estadio eran una fiesta. Banderas ondeando, tambores, cánticos y un ambiente que recordaba más a una final en Rabat que a una en Santiago.

Desde el Presidente Fouzi Lekjaa, el ministro de exteriores Nasser Bourita hasta las familias enteras, marroquíes residentes en Chile y aficionados llegados desde todos los rincones del mundo se unieron bajo una sola bandera.

El público fue el jugador número 12. Cada balón recuperado, cada carrera de Maamma, cada gol de Zabiri o cada parada de Gomis se celebraba como un tanto. Cuando Zabiri marcó el primero, el rugido fue ensordecedor; cuando llegó el segundo, el estadio tembló.

Marruecos podría ganar la final pero no la ganará solo, la ganará su gente también que viajó, creyó y nunca dejó de alentar. En Santiago, el corazón marroquí latió más fuerte que nunca. Y como en toda gran hazaña, el fútbol volvió a recordarnos que los sueños también se ganan desde las gradas.

Fotos de Mohamed Ourabai
