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En un ambiente de aparente cordialidad, el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, y el presidente estadounidense, Donald Trump, protagonizaron un saludo marcado por las sonrisas y las bromas durante la ceremonia de firma del plan de paz para Gaza, celebrada en Sharm el-Sheij. Sin embargo, tras esa imagen de distensión persiste un profundo desacuerdo político sobre el aumento del gasto en defensa exigido por Washington.
Trump, que llegó al acto con tres horas de retraso, saludó uno a uno a los más de treinta líderes internacionales presentes. Cuando Sánchez se acercó, ambos estrecharon las manos, intercambiaron unas palabras y rieron brevemente, un gesto que el mandatario estadounidense acompañó con un leve tirón del brazo del jefe del Ejecutivo español, interpretado como una broma diplomática.
No obstante, el trasfondo del encuentro dista mucho de la camaradería mostrada ante las cámaras. Durante su discurso, Trump volvió a presionar públicamente a España por su negativa a elevar el gasto en defensa hasta el 5% del PIB, una cifra muy superior al compromiso del 2% fijado por la OTAN.
“¿Dónde está España? ¿Estáis intentando convencerlo [a Sánchez] de lo del PIB? Nos acercaremos, nos acercaremos. Estáis haciendo un fantástico trabajo”, ironizó el presidente estadounidense.
#EnDirecto | Donald Trump se dirige a Pedro Sánchez tras la firma de paz para Oriente Próximo: "¿Dónde está España? ¿Estáis trabajando aquí sobre el PIB? Bueno, ya llegaremos a eso. Fantástico trabajo estáis haciendo" pic.twitter.com/1t8oV9hww8
— Europa Press (@europapress) October 13, 2025
Desde el Gobierno español, las fuentes oficiales restaron importancia al comentario y subrayaron el “buen tono y cordialidad” entre ambos, asegurando que el mensaje de Trump fue interpretado como una muestra de reconocimiento al trabajo conjunto, y no como un “tirón de orejas”.
Sin embargo, la realidad es que las tensiones entre ambos países se han intensificado en los últimos meses. Trump ha llegado a amenazar con la expulsión de España de la OTAN si no cumple con el nivel de gasto militar que exige Washington. Esta disputa se originó en la última cumbre de la Alianza Atlántica, cuando Sánchez consiguió el apoyo del secretario general, Mark Rutte, para no comprometerse a alcanzar ese 5%.
El Gobierno español defiende su posición alegando que la prioridad es mejorar las capacidades estratégicas de la OTAN, sin aceptar imposiciones externas sobre la cantidad de gasto.
“No toleramos que se nos diga desde fuera cuánto gastar. Lo importante es aumentar nuestras capacidades. Lo del 5% no tiene un informe que lo justifique”, afirman fuentes de La Moncloa.
Pese a los desencuentros, el Ejecutivo de Sánchez asegura que no ha habido repercusiones diplomáticas ni económicas derivadas de las declaraciones del presidente estadounidense. Incluso, en las últimas semanas, el líder español mantuvo reuniones con fondos de inversión norteamericanos, como Goldman Sachs, Invesco, Brookfield, CITI o Soros Fund Management, lo que demuestra que el interés por España sigue siendo alto entre los inversores estadounidenses.
El encuentro de Sharm el-Sheij, más allá de las sonrisas y los gestos simbólicos, reflejó así la dualidad que marca la relación actual entre Madrid y Washington: cordialidad formal ante las cámaras, pero una firme discrepancia en materia de defensa y política exterior.
