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El régimen militar argelino acaba de encajar un duro golpe diplomático en plena Asamblea General de la ONU. En un discurso directo y demoledor, el primer ministro maliense, Abdoulaye Maïga, acusó a Argelia de ser nada menos que un “campeón de la promoción del terrorismo y un exportador del terrorismo”, especialmente hacia los países del Sahel.
Las palabras de Maïga, acogidas con aplausos prolongados de varias delegaciones, pusieron en evidencia el descrédito internacional de Argel, que sigue presentándose como mediador en la crisis sahariana y saheliana mientras acumula acusaciones de complicidad con los grupos armados.
El jefe de Gobierno de Malí denunció que grupos terroristas operan desde suelo argelino, donde encuentran refugio y protección antes de atacar a las fuerzas malienses. Recordó, además, el caso del dron maliense abatido el 1 de abril, cuyos restos fueron hallados a escasos 22 kilómetros de la frontera con Argelia.
Malí, cansado de estas agresiones, llevó el asunto ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) el pasado 4 de septiembre. Sin embargo, el ministro argelino de Exteriores, Ahmed Attaf, negó públicamente la existencia de la denuncia. Para Maïga, esta declaración fue un simple “mentira descarada” que evidencia la falta de credibilidad del régimen militar de Argel.
Con ironía, el primer ministro maliense ridiculizó a Attaf por haber convertido la diplomacia argelina en una “performance de auto-gol”, un error tras otro que, lejos de fortalecer, hunde la imagen de Argel en el escenario internacional.
En su intervención, Maïga lanzó hasta tres veces un mismo llamamiento: que la “junta argelina” deje de apoyar el terrorismo internacional y se implique, de manera seria y constructiva, en la paz y la seguridad, respetando la soberanía de los Estados.
Estas duras acusaciones suponen una nueva escalada en las tensiones entre Bamako y Argel, y confirman lo que cada vez más actores internacionales reconocen: el régimen militar argelino, aferrado a viejas estrategias de injerencia y desestabilización, se encuentra cada vez más aislado en la escena diplomática.
