Rue20 Español/Rabat
La huida de siete menores argelinos a España a principios de septiembre ha desatado una crisis sin precedentes en el régimen argelino, sumiendo al gobierno en un profundo silencio y obligando al ejército a una inverosímil defensa.
El incidente, que ha puesto en evidencia las fallas de seguridad en uno de los puertos más vigilados del país, ha sido calificado por el ejército como «desinformación» y un «complot» contra Argelia, a través de su revista oficial El Djeïch.
La espectacular fuga de los menores, todos menores de 17 años, a bordo de un pesquero desde un puerto de la capital argelina con destino a Ibiza, ha generado una ola de indignación y burlas en las redes sociales y medios europeos.
El hecho de que la marina y los guardacostas argelinos no interceptaran la embarcación durante su travesía de tres horas por aguas territoriales argelinas antes de alcanzar España tras un periplo total de nueve horas, ha expuesto la ineficacia y el supuesto amateurismo del ejército.
Según fuentes no oficiales, el gobierno argelino habría intentado negociar la repatriación discreta de los menores con las autoridades españolas para minimizar el daño a la imagen del ejército. Sin embargo, el fracaso de estas negociaciones y la viralización del caso en redes sociales forzaron al régimen a elaborar una respuesta pública.
La revista El Djeïch, conocida por su tendencia a atribuir los problemas internos a conspiraciones extranjeras, publicó un artículo el martes 9 de septiembre culpando a «manos extranjeras» de magnificar el incidente.
Esta narrativa fue rápidamente replicada por medios estatales como la agencia de prensa oficial (APS) y periódicos como El Khabar y El Watan, presentando la versión del ejército como la postura oficial. Incluso el líder del partido islamista, Abdelkader Bengrina, se sumó al coro, denunciando el «uso malicioso» del caso por parte de «enemigos de Argelia».
La publicación militar argumenta que la cobertura mediática internacional del caso busca dañar la imagen de Argelia y desprestigiar los esfuerzos del Estado.
En este sentido, niega que factores socioeconómicos hayan motivado la huida de los menores, afirmando que todos estaban escolarizados, y atribuye la difusión del incidente en redes sociales a la manipulación de jóvenes internautas «vulnerables» por parte de «agendas maliciosas».
La respuesta del ejército ha sido recibida con escepticismo y críticas. El incidente, comparado con el secuestro de un turista español en enero pasado, evidencia la vulnerabilidad de las fronteras argelinas, tanto terrestres como marítimas.
La falta de información precisa sobre la fecha exacta de la partida de los menores, que El Djeïch sitúa vagamente «a principios de septiembre», sugiere un desconocimiento preocupante por parte de las autoridades.
Abderrazak Makri, exlíder del Movimiento de la Sociedad por la Paz, calificó el incidente como histórico, argumentando que, a pesar de las acusaciones de conspiración, la fuga de los siete niños, al igual que el asalto al yacimiento gasístico de In Amenas en 2013, expone la incapacidad del ejército argelino.
La insistencia en culpar a actores externos, mientras se ignoran las profundas problemáticas internas, parece ser una estrategia de distracción ante una crisis que ha sacudido los cimientos del régimen.
