Rue20 Español/Rabat
La agencia de noticias rusa TASS lanzó una bomba diplomática al acusar a los servicios especiales ucranianos de utilizar la embajada de Ucrania en Argel como centro de operaciones para el envío clandestino de drones y otro material militar a grupos armados en África.
Esta grave acusación, publicada el 22 de agosto, coloca a Argelia en una posición extremadamente delicada y plantea interrogantes sobre su rol en la estabilidad regional.
Según TASS, Argel se suma a Nuakchot (Mauritania) y Kinshasa (República Democrática del Congo) como parte de una red utilizada por Ucrania para canalizar armas e instructores a grupos terroristas en el continente africano.
Alexander Ivanov, jefe de la Unión de Oficiales para la Seguridad Internacional, citado por la agencia rusa, señaló directamente a la embajada ucraniana en Argel como implicada en estas operaciones. Según la versión rusa, Mauritania serviría como punto de tránsito de hombres y equipos hacia Mali, mientras que en la RDC, instructores ucranianos habrían apoyado a las Fuerzas Democráticas Aliadas (ADF).
Esta revelación llega en un momento particularmente sensible para Argelia, que ha reforzado sus lazos con Rusia en los últimos meses, incrementando la cooperación militar.
La acusación de TASS, sin embargo, sugiere que esta alianza tiene un costo. El Kremlin, al divulgar esta información, expone a Argelia a la guerra informativa que mantiene con Ucrania, utilizándola como variable de ajuste en un conflicto ajeno.
Para Argelia, la acusación de TASS representa un duro golpe a su imagen. La supuesta permisividad ante estas actividades en su territorio contradice su discurso de promotor de la paz y la no injerencia en asuntos internos de otros países. El silencio del gobierno argelino tras la publicación de la noticia alimenta la incertidumbre y la preocupación en el país.
La paradoja es evidente: Argelia se proyecta como mediador regional y garante de la estabilidad, mientras que ahora se la vincula con el tráfico clandestino de armas. Si bien Moscú apunta a la «interferencia ucraniana», la mención de Argel la debilita directamente.
Algunos analistas interpretan este episodio como una muestra del creciente aislamiento de Argelia, atrapada entre su discurso diplomático y una realidad donde incluso sus aliados la exponen como un eslabón débil en los equilibrios africanos.
