El Mundial 2030: palanca de transformación para el Marruecos del desarrollo

 

Rue20 Español/Rabat

El Mundial 2030, que Marruecos organizará junto a España y Portugal, no es un proyecto deportivo. Es un proyecto de país. Bajo la visión estratégica de SM el Rey Mohamed VI, Marruecos ha hecho del deporte un catalizador de desarrollo económico, inclusión territorial y proyección internacional. Durante la Global Growth Conference 2025 celebrada en Rabat, el panel “Invertir en el deporte” lo dejó claro: la ambición no es organizar un torneo, sino movilizar una economía.

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Con una inversión estimada de 15.000 millones de dólares, Marruecos ya no concibe el deporte como entretenimiento, sino como infraestructura, empleo, turismo, diplomacia y soberanía. El calendario lo demuestra: CAN femenina 2025, Mundial femenino sub-17, CAN masculina 2026 y, en el horizonte, el evento mayor del fútbol mundial. Todo ello se traduce en una transformación estructural del país.

Esta estrategia exige mucho más que estadios. Requiere aeropuertos ampliados, hoteles nuevos, transporte eficaz, digitalización y profesionalización. Se construyen hubs logísticos, se elevan estándares y se diversifican los actores. Como subrayó el ministro Lekjaa, un estadio necesita más de 40 oficios: hay sitio para la multinacional y para la startup. Electricistas, programadores, técnicos, artesanos, ingenieros… todos encuentran un papel en esta sinfonía nacional de desarrollo.

Pero hay algo más: el reparto territorial. Marruecos no centraliza, extiende. Localidades como Nador, Alhucemas o Agadir entran en la planificación de los campamentos base. Es decir, las inversiones no se concentran en las grandes urbes, sino que se distribuyen en función del principio de equidad territorial. Esta descentralización del beneficio responde a una visión inclusiva, donde cada región aporta y se beneficia.

A ello se suma un ecosistema que crece alrededor del deporte: turismo deportivo, restauración, merchandaising, retransmisión digital, seguridad, plataformas online… Un tejido económico múltiple que genera miles de empleos directos e indirectos. Y lo más importante: se consolida una industria.

En el plano africano, Marruecos se ofrece como modelo. La ministra de la RDC, Bestine Kazadi, lo resumió con claridad: este Mundial es también una oportunidad para África. Es una vitrina continental, una ocasión para mostrar capacidad organizativa, atraer inversión y generar confianza. Hoy el deporte representa apenas el 0,35% del PIB africano, frente al 5% del mundial. El potencial está intacto.

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La dimensión diplomática no es menor. Como subrayó Bouchra Hajij, presidenta de la Confederación Africana de Voleibol, el deporte es un soft power que coloca a Marruecos en el centro de las relaciones Sur-Sur. La diplomacia deportiva ya no es una metáfora, es un instrumento real de influencia, imagen y cooperación.

El balón echará a rodar, pero lo que se pone en juego es mucho más: inversión, reputación y liderazgo. Marruecos lo sabe. Por eso prepara el Mundial como quien prepara su sitio en el mundo.

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