Rue20 Español/ Fez
Meryem Ghoua
Lo que durante meses se dio por sentado en los corrillos futbolísticos de Madrid —que la final del Mundial del Centenario se jugaría en el Santiago Bernabéu— ha dejado de ser una certeza. A poco más de un año de que la FIFA tome la decisión definitiva, la pugna por albergar el partido decisivo se ha convertido en un auténtico duelo entre dos gigantes: el prestigio histórico del templo del Real Madrid y la ambición sin precedentes del Reino de Marruecos, materializada en el Gran Estadio Hassan II de Casablanca.
El organismo que preside Gianni Infantino no se pronunciará oficialmente hasta 2027, pero en los despachos de la FIFA el debate está más vivo que nunca. Y, por primera vez, la candidatura española —que durante años confió en el peso del Bernabéu y en el reciente título mundial de la selección— se enfrenta a un rival que no solo iguala sus argumentos, sino que los supera en varios aspectos clave.
El principal activo de Marruecos es el Gran Estadio Hassan II, una mole de ingeniería que se levanta sobre 140 hectáreas en medio del bosque de Mansouria, en la localidad de Benslimán, a 38 kilómetros al norte de Casablanca. Con una capacidad proyectada de 115.000 espectadores, superará en aforo al Bernabéu y al Camp Nou, y se situará entre los estadios con mayor capacidad de la historia de los Mundiales.
El diseño, inspirado en la tienda tradicional del moussem marroquí, no es un capricho estético, sino una declaración de intenciones. Su arquitecto principal, Tarik Oualalou, lo explica así: “La noción de acogida ‘Marhaba’ (bienvenido) está en el corazón del proyecto”. Con un presupuesto que ronda los 478 millones de euros, el estadio contará con hotel, áreas verdes, centros comerciales e instalaciones técnicas “como nunca ha existido antes”. La FIFA ya ha valorado el proyecto con una nota de 4,3 sobre 5, la mejor entre todos los estadios propuestos por los países coorganizadores.
El malestar en el entorno madrileño es cada vez más palpable. El diario ABC ha reconocido recientemente que Madrid “no tiene nada oficial” sobre la final, y la ministra de Deportes española, Milagros Tolón, ha tenido que salir al paso para restar credibilidad a las informaciones que apuntan a una ventaja marroquí.
La estrategia marroquí no se agota en una infraestructura, por colosal que sea. El Reino ha destinado más de 3.900 millones de euros a un plan integral de infraestructuras deportivas y de transporte, que incluye la remodelación de cinco estadios adicionales (Tánger, Rabat, Marrakech, Agadir y Fez) con una inversión cercana a los 1.600 millones de euros.
Pero el verdadero argumento de fondo es el crecimiento sostenido del fútbol marroquí. La selección absoluta ha dejado de ser una revelación para convertirse en una potencia contrastada, alcanzando este mismo verano el cuartos de final en el Mundial de 2026. Las categorías inferiores y el fútbol femenino también han experimentado una progresión notable, fruto de cuantiosas inversiones en centros de formación.
“Marruecos está hoy entre los cinco países mejor equipados del mundo en infraestructuras futbolísticas”, asegura Pablo Franco, exentrenador del MAS Fez, que conoce de primera mano la realidad del fútbol marroquí.
El Santiago Bernabéu no es un adversario cualquiera. Su historia, su mitología y el poder mediático del Real Madrid siguen siendo argumentos de primer orden. Pero lo que hace un año parecía un trámite para la candidatura española se ha convertido en un pulso abierto, donde Marruecos ha pasado de ser un socio organizador a un aspirante legítimo a albergar el partido más importante del planeta.
La decisión final de la FIFA está aún por llegar. Pero lo que ya es indiscutible es que Marruecos ha logrado algo que parecía imposible: poner en jaque la presunta condición de favorito del Bernabéu. El Mundial del Centenario, el primero que se disputará en tres continentes, busca un escenario a la altura de su dimensión histórica. Y Casablanca, con su gigante de hormigón y acero, ha demostrado estar más que preparada para ser ese escenario.
