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viernes, junio 19, 2026

Marruecos ante un clima más extremo

 

Rue20 Español/Rabat

El Abbas Tahri Joutey Hassani

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El mapa climático del norte de África se está recolocando a un ritmo que ya no admite lecturas a largo plazo. La advertencia no llega como una sorpresa aislada, sino como la confirmación de una tendencia que se consolida año tras año: el calentamiento en esta subregión avanza más rápido que en el resto del continente y está reconfigurando sus equilibrios naturales, económicos y sociales.

Así lo recoge el último informe sobre el estado del clima en África 2025 difundido por la Organización Meteorológica Mundial, que sitúa al norte de África como el epicentro térmico del continente. El documento no se limita a describir un incremento de temperaturas, sino que encadena sus consecuencias: mayor aridez, ciclos de sequía más persistentes y una presión creciente sobre los sistemas hídricos ya debilitados.

En ese contexto, Marruecos aparece como uno de los países más expuestos a esta aceleración climática. La lectura del informe sugiere un escenario donde la sequía deja de ser un episodio puntual para convertirse en una condición estructural en amplias zonas del territorio. La agricultura, dependiente de la regularidad de las lluvias, absorbe de forma directa este cambio de patrón, mientras los acuíferos y embalses soportan una demanda cada vez más difícil de equilibrar.

El documento añade un elemento que amplifica la preocupación: la irregularidad de las precipitaciones. Aunque algunas áreas del noroeste africano han registrado episodios de lluvia por encima de la media tras varios años de déficit, la OMM subraya que estas variaciones no alcanzan para revertir la tendencia de fondo. La sequía acumulada sigue marcando el ritmo hidrológico de la región.

A esta presión interna se suma una dimensión costera cada vez más relevante. El ascenso del nivel del mar, más acelerado en varias franjas del litoral africano que la media global, introduce un nuevo factor de vulnerabilidad para Marruecos, con impactos potenciales en infraestructuras, zonas urbanas y ecosistemas marítimos. La erosión costera y las inundaciones marinas aparecen ya como riesgos progresivamente más frecuentes.

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El océano, además, entra en el análisis como un sistema bajo tensión. El calentamiento y la acidificación de las aguas no solo alteran la biodiversidad, sino que también modifican la distribución de especies y afectan a sectores económicos vinculados al mar, especialmente la pesca.

El informe trasciende el caso marroquí para dibujar una fotografía continental marcada por la intensidad de los fenómenos extremos. Sequías prolongadas, inundaciones repentinas y olas de calor severas afectaron a millones de personas en 2025, con un impacto humano significativo y pérdidas materiales extendidas en distintas regiones africanas.

En su conclusión, la OMM insiste en que África se calienta a un ritmo superior al promedio global desde hace más de tres décadas. La organización advierte de que la respuesta ya no puede limitarse a la observación científica, sino que requiere una aceleración de las políticas de adaptación, el refuerzo de los sistemas de alerta temprana y una gestión más robusta de los recursos naturales ante un escenario climático cada vez más exigente.

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