Rue20 Español/Ciudad de México
Moisés Amselem Elbaz*
Queridos lectores,
Hoy quiero compartir con ustedes la historia de un hombre excepcional. André Azoulay, consejero del Rey Mohammed VI, artífice del renacimiento de Essaouira y voz incansable del pluralismo, recibirá el próximo 26 de junio en Bruselas el Premio Boutros Boutros‑Ghali de la Paz, otorgado por el Foro de Crans Montana. Es un reconocimiento que lleva décadas ganándose a pulso, y como periodista comprometido con los valores del diálogo, siento la obligación de contarles quién es y por qué su figura nos interpela a todos.
Pocas personas encarnan con tanta coherencia el ideal de la paz. Azoulay no predica una tolerancia pasiva, sino una tolerancia activa que construye espacios de convivencia. Su método es la palabra, su horizonte el pluralismo dinámico. Defiende la memoria judeo‑marroquí como cimiento de la identidad nacional, y su humanismo universal trasciende fronteras. Su independencia de espíritu le ha granjeado una autoridad moral que no depende de cargos, sino de décadas de coherencia.
Azoulay sostiene que la paz no debe entenderse como una bendición del azar, sino como el resultado de una voluntad firme, una visión clara y un compromiso ininterrumpido con el entendimiento mutuo. Para él, la concordia no es un regalo que se recibe, sino una obra que se construye día a día.
Los hechos que avalan su trayectoria
No me limitaré a los elogios. Azoulay ha materializado su visión en acciones concretas:
Renacimiento de Essaouira: Transformó la ciudad atlántica en un símbolo mundial de diálogo intercultural, con festivales que reúnen a artistas e intelectuales de todas las orillas del Mediterráneo.
Preservación de la memoria judeo‑marroquí: Defendió el legado hebreo como parte irrenunciable de Marruecos, promoviendo su reconocimiento como fortaleza nacional.
Mediación en conflictos: Como consejero real, participó en iniciativas de reconciliación regional e internacional.
Alianza de Civilizaciones: Colaboró estrechamente con Miguel Moratinos y Naciones Unidas para tender puentes entre Oriente y Occidente.
Apoyo a la causa palestina desde el diálogo: Abogó por una solución pacífica basada en el reconocimiento mutuo.
Desarrollo humano: Impulsó proyectos de educación, cultura y cohesión social en Marruecos y África.
Las causas que han marcado su vida
Su combate ha sido frontal contra los extremismos, el olvido y la homogeneización cultural. Ha reivindicado la memoria histórica, el diálogo interreligioso (musulmanes, judíos, cristianos) y una sociedad marroquí plural que integre los legados árabe‑musulmán, amazigh, africano, mediterráneo y judeo‑marroquí. En Oriente Medio, ha participado en discretas iniciativas de acercamiento entre israelíes y palestinos. Y en África, ha vinculado a Marruecos con su profundidad continental a través de proyectos culturales y económicos.
Un legado que trasciende los premios
El Premio Boutros Boutros‑Ghali de la Paz corona una vida de servicio. Pero el legado de Azoulay es mucho más amplio: es el artífice del renacimiento de Essaouira, patrimonio de la humanidad; es mensajero de la visión real de tolerancia; y es, sobre todo, un referente moral internacional escuchado más allá de los círculos diplomáticos. Su ejemplo demuestra que la fidelidad a los valores humanistas es más necesaria que nunca en un mundo fracturado por la guerra.
André Azoulay nos recuerda que la paz no es un sueño pasivo, sino una construcción activa que requiere voluntad, visión y constancia. En cada encuentro, en cada diálogo, se abre una oportunidad para sembrar las semillas de un futuro más justo y armonioso. Su trayectoria nos invita a reflexionar sobre nuestra propia responsabilidad en la construcción de la concordia. Porque, como él mismo enseña, la senda hacia la paz no es fácil, pero es el único camino digno de ser recorrido.
Y ya que me permito hablar en primera persona, quiero terminar con una felicitación sincera. Querido André: desde estas páginas, y en nombre propio, le doy la enhorabuena más afectuosa por este galardón. Su ejemplo me inspira cada día, y su labor silenciosa pero incansable me recuerda que la paz se construye con gestos, con palabras y con la firmeza de quien nunca claudica ante la adversidad. Que este premio sea un estímulo para seguir adelante en la noble tarea de unir lo que el odio pretende separar. Gracias por enseñarnos que el diálogo es siempre el camino.
*Colaborador.
