Rue20 Español/Rabat
El Abbas Tahri Joutey Hassani
La cuestión del Sáhara marroquí entra en una nueva fase marcada por un elemento que se repite con creciente frecuencia en los foros internacionales: el respaldo cada vez más amplio a la propuesta de autonomía impulsada por Marruecos.
En un escenario diplomático en constante evolución, las posiciones expresadas recientemente en las Naciones Unidas reflejan una tendencia que refuerza el enfoque defendido por Rabat y consolida la vía política auspiciada por la ONU como único marco de solución.
Las deliberaciones del C-24 volvieron a evidenciar una convergencia de posturas entre numerosos países, que consideran la iniciativa presentada por Marruecos en 2007 como una fórmula seria y creíble para poner fin a un conflicto que se prolonga desde hace décadas.
Las intervenciones registradas durante las sesiones insistieron en la necesidad de avanzar hacia una salida negociada, en línea con las resoluciones del Consejo de Seguridad y sobre la base del consenso entre las partes.
Los países del Consejo de Cooperación del Golfo reiteraron igualmente una posición ya consolidada en los últimos años. Su apoyo a la soberanía marroquí sobre el Sáhara y a la propuesta de autonomía se inscribe en una visión que prioriza la estabilidad regional y la preservación de la integridad territorial de los Estados, al tiempo que respalda los esfuerzos de mediación emprendidos por las Naciones Unidas.
En paralelo, la escena africana continúa mostrando una evolución significativa. Diversas delegaciones pusieron de relieve las transformaciones económicas y sociales registradas en las provincias del sur, destacando los programas de inversión, las infraestructuras y los proyectos de desarrollo que han convertido la región en un polo de crecimiento. Para varios países africanos, estos avances constituyen un factor adicional que otorga consistencia a la propuesta marroquí y fortalece la opción de una solución pragmática.
Este contexto revela un desplazamiento gradual del debate internacional hacia planteamientos basados en el realismo político. La referencia al Consejo de Seguridad como instancia central para la gestión del expediente y la insistencia en una solución consensuada reflejan una voluntad creciente de dejar atrás iniciativas que encuentran un eco cada vez más reducido en la comunidad internacional.
Esta evolución no responde únicamente a factores diplomáticos, sino también a cambios geopolíticos más amplios. El aumento del apoyo a la iniciativa marroquí por parte de socios regionales y actores internacionales influyentes ha ido configurando un entorno más favorable para una salida política sustentada en compromisos realistas y sostenibles.
Mientras tanto, Marruecos prosigue su estrategia de consolidación sobre el terreno mediante la aceleración de proyectos estructurantes en las provincias del sur. Inversiones en infraestructuras, expansión de servicios públicos y programas de desarrollo económico forman parte de una política destinada a reforzar el dinamismo de la región y a acompañar los esfuerzos diplomáticos desplegados en los diferentes escenarios internacionales.
La acumulación de apoyos y la evolución del discurso dentro de los organismos internacionales sugieren que el expediente del Sáhara marroquí atraviesa un momento de redefinición. La apuesta por una solución política bajo los auspicios de la ONU continúa ganando espacio, mientras la opción de la autonomía se afianza, para un número creciente de países, como la alternativa más viable para cerrar uno de los conflictos más prolongados del norte de África.
