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Brasil importó el 9% de sus fertilizantes químicos procedentes de Marruecos entre enero y abril de 2026, según datos oficiales del Ministerio de Desarrollo, Industria, Comercio y Servicios (MDIC) de Brasil citados por el senador Beto Faro.
El país sudamericano, altamente dependiente del exterior para abastecer su sector agrícola, registró un volumen total de 11,8 millones de toneladas de fertilizantes importados en ese periodo.
El suministro estuvo liderado por Rusia, con un 21,3% del total, seguida de China con el 20%, y Canadá con el 14%. Marruecos se situó así como cuarto proveedor del mercado brasileño, en un contexto de alta concentración del abastecimiento internacional.
El volumen importado por Brasil en los primeros cuatro meses de 2026 supera los 11,5 millones de toneladas registrados en el mismo periodo de 2025 y los 10,2 millones de 2024, lo que apunta a una expansión del mercado a pesar de las tensiones geopolíticas internacionales. Según los datos citados, las guerras en Ucrania, Eurasia u Oriente Medio no habrían interrumpido el flujo global de fertilizantes hacia el país sudamericano.
Sin embargo, el sector agrícola brasileño continúa mostrando una fuerte vulnerabilidad estructural, con una dependencia externa cercana al 90%. La Asociación de Productores de Soja y Maíz de Mato Grosso (Aprosoja-MT) ha denunciado incrementos superiores al 350% en el precio de los principales fertilizantes en la campaña actual, en comparación con la anterior.
Estos datos contrastan con las cifras aduaneras oficiales, que reflejan un aumento medio del 13,4% en el precio de los fertilizantes importados entre enero y abril de 2026 respecto al mismo periodo de 2025, situándose en 0,36 dólares por kilogramo. Este nivel se mantiene por debajo del registrado en 2022 y prácticamente en línea con los valores de 2023.
En este contexto, algunos análisis citados por fuentes políticas apuntan a una posible divergencia entre los precios en frontera y los costes finales asumidos por los productores, situando el foco en los circuitos internos de distribución. “La gran guerra se sitúa entre el puerto y la granja; la causa principal no es la importación, sino la especulación”, señalan dichas interpretaciones.
La posición de Marruecos se consolida así dentro de un sistema de abastecimiento estable, aunque altamente concentrado, mientras Brasil evalúa medidas para reducir su dependencia externa. Entre ellas destaca la apuesta de Petrobras por ampliar la producción nacional de fertilizantes, así como el impulso a una industria de bioinsumos aún en fase inicial.
El debate sobre la seguridad del suministro agrícola se mantiene abierto en Brasil, en un escenario en el que el país sigue describiéndose como un “gigante con pies de barro” debido a su elevada dependencia de insumos importados.
