Rue20 Español/Rabat
Altos funcionarios estadounidenses mantuvieron conversaciones con el embajador argelino en Washington, centradas en el expediente del Sáhara marroquí y en el impulso de una solución política duradera que garantice la estabilidad regional.
Las consultas abordaron los resultados de la reciente visita del Subsecretario de Estado y del comandante del Mando Estadounidense en África (Africom) a Argelia, así como las vías para fortalecer la cooperación regional frente a los desafíos de seguridad y estratégicos compartidos. Esta dinámica refleja el creciente compromiso de Washington por ampliar la coordinación con los actores del norte de África y el Sahel.
La Administración estadounidense considera que la coyuntura actual exige avanzar hacia una solución definitiva del conflicto que permita una cooperación económica y de seguridad más amplia en la región. Este mensaje subraya el interés norteamericano por cerrar los focos de tensión crónicos que afectan la estabilidad del Magreb y el Sahel.
En este contexto, el expediente del Sáhara marroquí ocupa un lugar central en el diálogo entre Washington y Argelia. Estados Unidos respalda el proceso de la ONU orientado a una solución política realista, duradera y consensuada, basada en la iniciativa de autonomía bajo soberanía marroquí, tal como consagra la resolución 2797 del Consejo de Seguridad.
Esta comunicación directa marca una reformulación de los principios geopolíticos estadounidenses en el norte de África. Washington habría superado la fase de ambigüedad estratégica que caracterizó décadas de diplomacia tradicional, adoptando una “doctrina de la resolución funcional” que rompe con las medias tintas y busca poner fin al estancamiento político.
Esta transformación se manifiesta en la estrecha conexión entre el enfoque de seguridad sobre el terreno, liderado por Africom, y los movimientos diplomáticos en curso. La continuación del conflicto se percibe ahora como una amenaza estructural para la seguridad regional y continental.
Las evaluaciones militares integradas al diálogo político envían un mensaje claro: las zonas grises alimentadas por el conflicto ya no son tolerables, y la estabilización del Sahel y el Sáhara requiere eliminar las tensiones crónicas explotadas por redes de delincuencia transfronteriza y organizaciones extremistas.
En el plano jurídico, esta nueva dinámica se fundamenta en la resolución 2797 del Consejo de Seguridad, que sitúa la propuesta de autonomía como la opción prioritaria.
Washington habría pasado de patrocinar rondas de negociación de impacto limitado a promover la aplicación práctica de la marroquinidad del Sáhara, viéndola como la garantía institucional para lograr la paz y la seguridad colectivas conforme al derecho internacional.
Esta evolución coloca a Argelia ante la necesidad de revisar sus posiciones regionales ante el declive de la legitimidad de las tesis separatistas, consideradas obstáculos al desarrollo y la cooperación. El retiro de cobertura política a dichas tesis forma parte de una estrategia más amplia para secar las fuentes de inestabilidad en la región.
La nueva doctrina diplomática estadounidense establece un vínculo orgánico entre las evaluaciones de seguridad y los caminos políticos.
Basándose en informes técnicos de Africom, Washington estaría transitando de la fase de estimación a la de acción, considerando que la presencia de actores armados no estatales genera espacios fuera de control que benefician a redes criminales y extremistas.
La resolución 2797 constituye la base jurídica de esta transformación, al consagrar el realismo político frente a enfoques superados. En este marco, Estados Unidos promueve la “doctrina de la situación final”, que identifica la autonomía bajo soberanía marroquí como el único mecanismo sostenible, superando ilusiones de referéndum y abriendo la fase de implementación práctica.
Esta dinámica acelerada impone condiciones a la normalización de las relaciones entre Washington y Argelia. El apoyo económico o la profundización de la asociación en seguridad se vinculan cada vez más a una participación constructiva argelina en el proceso político de la ONU. El coste de mantener el conflicto artificial habría superado con creces sus supuestos beneficios, transformando el patrocinio de entidades sin atributos estatales en una carga diplomática.
Apoyado por posiciones de capitales europeas como París, Madrid y Berlín, este impulso estadounidense traza una nueva hoja de ruta para el Magreb: o se avanza hacia una arquitectura de seguridad basada en la unidad territorial y la integración económica, o se persiste en un aislamiento que profundiza el estancamiento regional.
La plena soberanía marroquí sobre sus provincias del sur se presenta como la clave para transformar la región en un polo económico y de seguridad cohesionado, al servicio de los intereses de su pueblo y de la estabilidad internacional.
