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El Abbas Tahri Joutey Hassani
El estudio titulado Mímesis y catarsis en Cartas marroquíes a Rosa, de M. Abrighach, elaborado por el profesor Ahmed Oubali*, se inscribe con claridad en la tradición de los trabajos que no se limitan a analizar un corpus literario, sino que lo convierten en un objeto de pensamiento teórico total.
Más que una monografía sobre epistolografía, el texto se configura como una investigación de largo alcance sobre los mecanismos de producción del sujeto en la escritura contemporánea; articulando narratología, teoría del discurso, filosofía del lenguaje y semiótica cultural en una arquitectura crítica de notable coherencia interna.
Desde su planteamiento inicial, el estudio de Oubali se aleja de cualquier enfoque descriptivo o puramente estilístico. La obra de Abrighach —Cartas marroquíes a Rosa— no es tratada como un conjunto de textos íntimos o autobiográficos, sino como un dispositivo discursivo complejo en el que la escritura epistolar funciona como laboratorio de identidad, memoria y conflicto lingüístico.
Esta decisión metodológica determina todo el desarrollo posterior del trabajo: la carta no representa una vida previa, sino que la produce, la reorganiza y la transforma en el acto mismo de enunciación.
Uno de los aspectos más sobresalientes del estudio es su construcción teórica estratificada. Oubali despliega un aparato crítico que integra de manera sistemática a autores como Émile Benveniste, Michel Foucault, Paul Ricoeur, Jacques Derrida, Julia Kristeva, Yuri Lotman, Oswald Ducrot, J. L. Austin o Roman Jakobson, entre otros.
Lejos de una acumulación erudita, estas referencias funcionan como engranajes de una misma máquina interpretativa. Cada marco teórico se activa en función de un problema específico del corpus, lo que permite una lectura dinámica, no reductiva, del fenómeno epistolar.
En el centro del estudio se sitúa una tesis fundamental: el sujeto epistolar no preexiste al discurso, sino que emerge en él. Esta idea, de clara filiación foucaultiana y benvenistiana, se despliega en múltiples direcciones a lo largo del análisis.
El “yo” de las cartas no es una entidad estable ni psicológicamente coherente, sino un efecto variable de enunciación, constantemente reconfigurado por la memoria, el lenguaje y la relación con el destinatario. La carta se convierte así en un espacio de construcción performativa de la identidad.
La dimensión narrativa ocupa un lugar central en la argumentación de Oubali. A partir de la teoría de Paul Ricoeur, el estudio interpreta la escritura epistolar como una forma de configuración del tiempo vivido. La memoria no aparece como depósito fiel del pasado, sino como operación activa de reescritura. El pasado se reconstruye desde el presente de la enunciación, lo que impide cualquier clausura identitaria. En este sentido, la identidad narrativa se presenta como un proceso inestable, en permanente elaboración.
El análisis de la enunciación, apoyado en Benveniste y Maingueneau, refuerza esta perspectiva. El sujeto no habla desde una posición previa, sino que se constituye en el propio acto de decir. La carta, lejos de ser un simple vehículo de comunicación, se presenta como escena de producción del yo, donde el enunciador se construye al mismo tiempo que organiza su discurso.
Uno de los núcleos más sugerentes del estudio es el tratamiento del lenguaje como espacio de conflicto y jerarquía. La coexistencia de varias lenguas en el corpus —francés, árabe, español y amazigh— no es interpretada como un rasgo biográfico o estilístico, sino como una estructura de poder simbólico.
En clave de Pierre Bourdieu, cada lengua porta un capital lingüístico distinto; en clave foucaultiana, cada una participa en la producción de regímenes de verdad. El resultado es una subjetividad lingüística fragmentada, atravesada por tensiones culturales, históricas y afectivas.
El conocido “bazar de lenguas” que atraviesa el análisis se convierte en una metáfora estructural del estudio: ninguna lengua es completamente propia, pero todas participan en la configuración del sujeto. Esta pluralidad no se resuelve en síntesis, sino que permanece como tensión constitutiva.
En paralelo, el estudio desarrolla una lectura del espacio que desplaza la geografía hacia la semiótica cultural. Siguiendo a Yuri Lotman, el Mediterráneo, la frontera o la ciudad dejan de ser escenarios físicos para convertirse en sistemas de significación. El espacio se interpreta como semiosfera, es decir, como campo dinámico de traducción cultural donde se negocian identidades y memorias. El territorio no contiene la experiencia: la produce simbólicamente.
La dimensión pragmática del discurso epistolar constituye otro eje fundamental del trabajo. A partir de la teoría de los actos de habla de Austin y de la pragmática de Ducrot, Oubali muestra cómo cada fragmento de las cartas no solo dice, sino que hace.
La escritura consuela, interpela, recuerda, justifica o reconfigura la relación con el destinatario. La carta se convierte así en un dispositivo performativo en el que el lenguaje actúa sobre la realidad afectiva y relacional.
En su dimensión filosófica más profunda, el estudio alcanza uno de sus puntos más significativos al abordar la inestabilidad del significado. La influencia de Derrida es aquí decisiva: el sentido no se fija, sino que se desplaza en una cadena infinita de diferencias.
La escritura epistolar aparece entonces como espacio de tensión entre lo que se quiere decir y lo que efectivamente se dice, entre intención y deriva textual. Lejos de ser un fallo del lenguaje, esta inestabilidad constituye su condición de posibilidad.
El análisis se organiza finalmente en un “mapa filológico” del corpus, donde las cartas se distribuyen en bloques temáticos no cronológicos. Esta estructura permite leer el conjunto como un sistema de recurrencias y variaciones: identidad, memoria, afecto, lenguaje, espacio, historia y metatexto no son temas aislados, sino ejes interdependientes de un mismo proceso de subjetivación.
En la síntesis final, el estudio de Ahmed Oubali se consolida como una aportación significativa a los estudios contemporáneos sobre narración y escritura del yo. Su principal aportación reside en haber mostrado que la carta no es un género menor ni residual, sino un espacio privilegiado para comprender los procesos de construcción del sujeto en la modernidad. En Cartas marroquíes a Rosa, la escritura no representa la experiencia: la produce, la reorganiza y la mantiene en constante transformación.
En términos generales, el trabajo se sitúa en la intersección entre la filología contemporánea y la teoría crítica del discurso, ofreciendo una lectura rigurosa, densa y conceptualmente ambiciosa. Su valor no reside únicamente en el análisis del corpus de M. Abrighach, sino en haber convertido ese corpus en un dispositivo teórico para pensar cuestiones centrales del pensamiento contemporáneo: la fragilidad del yo, la pluralidad lingüística, la memoria como construcción narrativa y la escritura como forma de existencia.
*Ahmed Oubali, excatedrático de Semiótica de Textos en la Universidad de Tetuán y exprofesor de Teorías Contemporáneas de la Traducción en la Escuela Superior Rey Fahd de Tánger, ha logrado conjugar su labor docente con una prolífica carrera literaria.
Crítico literario, traductor y escritor prolífico; sus libros de ficción detectivesca, sus ensayos de práctica semiótica y sus trabajos de traducción, lo catapultaron a la notoriedad internacional.
